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Vientos de cambio.
Granito gallegoLas elecciones autonómicas en Galicia y Euskadi han supuesto cambios importantes en ambas comunidades. Mientras en Galicia el PP batía sin contemplaciones, con mayoría absoluta, a los partidos del gobierno bipartito, PSdeG y BNG, acabando con sus cuatro años de gobierno y recuperando uno de los feudos tradicionales de la derecha, en Euskadi, por primera vez, los partidos no nacionalistas, PSE-EE, PP, UPyD, alcanzaban la mayoría absoluta, poniendo una mueca de inquietud y desasosiego en el indiscutible ganador de estas elecciones, el PNV, de su Lendakari en funciones, Ibarretxe, que miran con temor que les puedan arrebatar, democráticamente, el gobierno de una comunidad que desde hace 30 años controlan, que siempre han considerado territorio propio y exclusivo del nacionalismo. Estas elecciones son una buena radiografía de la pluralidad política y de la complejidad social del País Vasco.
El PP no podía ocultar su inmensa satisfacción, tanto a nivel de la comunidad como a nivel estatal, por su victoria en Galicia, de la mano de su futuro joven presidente, Nuñez Feijóo, elegido hace tres años presidente del partido en Galicia, y que forma parte del renovado equipo del PP llevado a cabo por Rajoy tras el congreso de Valencia. Para Rajoy, que se jugaba mucho en estas elecciones, por algo ha estado realizando toda la campaña codo a codo con el que será futuro presidente de la Xunta, da un importante golpe de autoridad en el PP en relación con su discutido liderazgo. Son muchos, dentro y fuera del partido, los que consideran que ahora le toca cerrar la grave crisis interna del mismo, por los supuestos espionajes, corrupciones en Madrid y Valencia, aprovechando este éxito para poner orden, limpiar el mismo y consolidar un liderazgo que se certificará, o no, en las próximas elecciones europeas.
Al PSdeG, que ya se ha dejado su primera víctima en el camino, con la dimisión del anterior presidente de la Xunta, Pérez Touriño, queda abocado a un congreso extraordinario a realizar inmediatamente antes de las elecciones europeas, para analizar las causas de la derrota y recuperar la iniciativa desde la oposición. Todo parece indicar que ha existido un cierto abandono del partido, volcados más en el gobierno del bipartido, prácticamente bicéfalo y fracturado en dos bloques independientes y descoordinados de gobierno, donde el PP ha sabido segarles muy bien la hierba en una campaña que ha tapado escándalos propios con la dimisión de Bermejo y la denuncia a Garzón, mientras que incidía en las contradicciones del bipartito y aireaba presuntos casos de despilfarro y corrupción en el anterior gobierno gallego: coche blindado, lujoso despacho del presidente, vacaciones de Quintana (BNG) en el yate de un empresario beneficiado por contratos de la Xunta, concesiones de parques eólicos, etc.
Mucho trabajo le queda a la izquierda gallega para recuperar el gobierno y superar el desencanto de los ciudadanos, especialmente en las provincias más industriales, Coruña y Pontevedra, donde ha quedado muy tocado. En las otras dos provincias, más rurales, el caciquismo sigue formando parte sustancial de la sociedad gallega, con personajes incombustibles, que desde tiempo inmemorial han tejido una conocida red de favores y compra de votos. Existen además dos víctimas colaterales, José Blanco que se deja bastantes plumas en su tierra, y Zapatero que pierde por primera vez unas elecciones.
Pero si el vendaval gallego deja las cosas claras para el PP, la situación en Euskadi se ha convertido en un puzzle del que seguiremos hablando durante mucho tiempo y donde las capacidades de negociación y acuerdo van a ser fundamentales, con repercusiones importantes, no solo en la comunidad, sino en la política nacional.
El PNV ha ganado indiscutiblemente las elecciones, ocho puntos sobre el PSE-EE, después de una campaña inteligente del lehendakari, que ha aparcado totalmente sus proyectos soberanistas y ha incidido en los temas de la crisis económica. Los electores han castigado duramente a los otros dos socios del tripartito cuya representación es ahora marginal y sin capacidad de influencia en futuros pactos y proyectos de gobierno: a EA que acudía en solitario a los comicios con claros tintes independentistas, y a EB cuya apuesta soberanista aún sigue sin entenderse en la izquierda y especialmente en IU, son sin duda los grandes perdedores.
Con la importante subida del PSE-EE, ocho puntos, unido al relativo mantenimiento del PP, pierde 3,4 puntos, pero sus escaños unidos al conseguido por el partido de Rosa Díez, UPyD, configuran con el PSE-EE una mayoría absoluta que podía permitir la elección de Patxi López como Lehendakari, y que imposibilitaría la continuidad del PNV. El cambio es posible y tiene de los nervios al PNV, con la cada vez más realista posibilidad de que los acuerdos entre estos “nacionalistas españoles, supeditados a Madrid” pudieran gobernar “su casa”.
Pero quedan muchos días de conversaciones y de duras negociaciones entre todos los partidos, sin descartar posibilidades, que ya se empiezan a comentar en voz baja, como la retirada política de Ibarretxe, lo que podría abrir el paso a un gobierno de concentración PNV y PSE-EE, con lehendakari socialista, esto parece por el momento irrenunciable, y vice-lehendakari nacionalista.
Finalmente hay que felicitarse con la subida de la izquierda indepentista, ARALAR, 4 puntos, que desmarcada hace tiempo de la violencia etarra, ha capitalizado parte del voto abertzale, sin olvidar que a pesar de no haber estado, por primera vez, presente en unas elecciones, con su campaña del voto nulo representa todavía un importante 8% de la sociedad vasca. El apoyo a la violencia sigue descendiendo y esperemos que el ostracismo político y social al que cada vez se verán mas condenados, cree las condiciones políticas necesarias para su integración en el sistema democrático, desmarcándose políticamente de ETA, normalizándose el hoy plural marco social y político de Euskadi, alcanzándose por fin el cese definitivo de la violencia.
Emilio Sánchez Álvarez
4/03/2009
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