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Las viejas fábricas de Béjar y el "pelotazo Cejuela"
Vista 1 del predioPor José Muñoz Domínguez y Juan Félix Sánchez Sancho
Entre los días 18 y 20 de marzo ha tenido lugar en Zamora el VII Congreso Internacional de Molinología, en el que se presentó una comunicación sobre “El molino-batán de Juan de Morales y la conservación del Patrimonio Industrial de Béjar” de la que somos autores los firmantes de este artículo. La comunicación se publicará en las correspondientes Actas del congreso, ya en prensa.
Congreso Molinología
En este trabajo abordamos un aspecto escasamente estudiado de la secular industria de Béjar, el aprovechamiento de la energía hidráulica durante la etapa protoindustrial, con numerosos molinos y batanes en el cauce del río Cuerpo de Hombre que fueron los antecedentes de las grandes fábricas textiles y harineras del siglo XIX. Como ejemplo de la evolución de estos establecimientos industriales, estudiamos en detalle uno de los casos mejor documentados: el molino-batán de Juan de Morales, aparejador de las obras del Real Sitio del Buen Retiro en los primeros decenios del siglo XVIII y bejarano de nacimiento. El molino y batán fue construido en un predio cuya pervivencia queda seriamente amenazada por una operación urbanística admitida en la actual revisión del PGOU de Béjar, pues coincide con el SU-NC15, antigua modificación puntual PERI-Z3 del intento de revisión de 2006 y popularmente conocido como “pelotazo Cejuela”, uno de sus actuales propietarios.
ALGO DE HISTORIA
El conjunto industrial que se conserva es el resultado de una larga historia acumulativa que hemos logrado reconstruir desde mediados del siglo XVII. El edificio más antiguo del conjunto actual tendría su origen en un molino de Juan de Tórtoles, documentado desde 1635, y que posteriormente sería de Francisco Pizarro. Juan de Morales agregó en 1708 una obra de nueva planta destinada a “casa molino y batán”, situado aguas abajo de este primer molino.
Vista 2 del predioLa progresiva especialización textil de la villa condicionó el uso y ampliación de las instalaciones, pronto orientadas a operaciones relacionadas con el sector y necesitadas de energía hidráulica para su maquinaria, como la frisa establecida entre 1788 y 1802 por la Compañía de la Real Fábrica de Paños Finos de Béjar (que adquirió los edificios al administrador de la Memoria instituida por Morales). Entre 1802 y 1810 (ca.) el predio estuvo en manos del abogado Pedro Antonio Olleros y poco antes de 1811 fue adquirido por Ana Hernández-Agero (viuda del fabricante Ventura Hernández Bueno), cuyos herederos lo acrecentaron con reformas en el molino-batán (recrecido a mediados del siglo XIX como fábrica de pisos, siguiendo la tipología establecida por Sobrino Simal) y nuevos edificios maquinarios en terrenos contiguos.
Así, Carlota Hernández Bueno y su marido, Nicolás de Salas, introdujeron “una pila de batán, dos perchas, una tundidora y un cepillo” en el edificio de 1708 y promovieron la nueva instalación de “un edificio para máquinas (…) con su cercado alrededor” que en 1842 tenía “la cabida para tres surtidos de cardar e hilar con tornos en fino, y cinco perchas”, así como un nuevo edificio destinado a “lavadero para lavar lanas, frente de los edificios de máquina y batán” en la margen opuesta del río. En la segunda mitad del siglo XIX, el conjunto perteneció a Patricio Hernández-Agero Cerrudo y permaneció en esta familia hasta el cierre de la empresa en 1976, a través de la sucesión en Tomás Hernández-Agero Salas, Patricio Hernández-Agero Rodríguez (con quien alcanzó la etapa de mayor producción y diversificación) y, finalmente, de su viuda desde 1966.
En cualquier lugar civilizado, un enclave industrial de tan larga historia habría merecido algún rango de protección, y lo cierto es que para el que nos ocupa no han faltado serios intentos, tanto por parte de la Administración como por asociaciones y particulares. En 2003, el Grupo Cultural San Gil presentaba formalmente su solicitud de catalogación y protección para este y otros predios industriales entre sus alegaciones a la inacabada Revisión del Plan General de Ordenación Urbana (desestimadas), al tiempo que lo incluía en su propuesta de nueva delimitación del BIC. -Conjunto Histórico de Béjar (rechazada sin argumentos por el Órgano Competente de la Junta de Castilla y León en septiembre de 2004); en 2000, el conjunto fue fichado y altamente valorado en un estudio específico sobre el Patrimonio Industrial de Béjar promovido por la propia Junta de Castilla y León (sin repercusión alguna sobre su protección) y tres años después, el Ministerio de Cultura lo incluyó en el Inventario de Industrias Textiles de Béjar (LEÓN PÉREZ, C. y PÉREZ GARCÍA, J., 2003) para el Instituto del Patrimonio Histórico Español (IPHE), donde también consta con el más alto nivel de valoración, pero igualmente sin efectos de cara a su protección legal. Así pues, ninguna de las insistentes tentativas por proteger este conjunto ha dado resultado frente al proyecto de recalificación
Ordenación prevista en el PGOUurbanística promovido por su actual propietario. Ni las iniciativas particulares ni los inventarios oficiales han logrado impedir que semejante operación especuladora se mantenga en las previsiones del PGOU, que consagra el desastre en las propuestas de ordenación para el sector SUNC12, de forma tal que sólo se salva del derribo el edificio de varios pisos construido sobre el primitivo molino-batán de Juan de Morales, pero acabando con todo lo demás. Es decir, que para construir feos bloques de viviendas que no hacen ninguna falta, se arrasa con un Patrimonio Industrial irrepetible formado a lo largo de varios siglos, privando a nuestra ciudad de uno de sus rasgos distintivos y beneficiando generosamente la cuenta bancaria de su propietario: ¿no es ésto lo más opuesto a una política socialista?, ¿persistir en la incultura del ladrillo puede considerarse una política sostenible?
Inventario industrias textiles de Béjar IPHE2003 VALORES Y MOTIVOS PARA CONSERVAR ESTE CONJUNTO INDUSTRIAL
Las parcelas afectadas por el “pelotazo Cejuela” comprenden edificios e infraestructuras industriales correspondientes a los predios textiles de Patricio Hernández-Agero y Francisco Gosálvez Rodríguez. Los primeros son valorados en el Inventario de industrias textiles de Béjar (2003) con el máximo grado de interés (A) y se aconseja la conservación de la mayor parte de ellos (los numerados en el plano adjunto como 1, 2 y 3, además del molino numerado como 6). Los segundos (nº 5) se valoran con grado de interés medio (M), pero se hace constar expresamente que presentan “gran interés de conservación”, pues el predio, “aparte de los edificios, cuenta con el único testimonio que queda en Béjar de secadero al aire libre a base de grandes losas de granito”, si bien en el Inventario parece ignorarse el origen de uno de los edificios en el molino de Juan de Tórtoles documentado en 1635 y la existencia de todo el conjunto en torno a un patio ya en 1867, lo que sin duda les confiere mayor valor.
Sobre la pérdida de estos dos importantes predios industriales ribereños se ha pronunciado recientemente Urbano DOMÍNGUEZ GARRIDO en un artículo publicado en Estudios Bejaranos, nº 13 (2009) en el que se ofrecen los detalles de la operación especuladora que el PGOU trata de amparar y dotar de una más que dudosa legalidad.
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Muy bien argumentado. Tan solo una pequeña matización.Cuando se refiere "cuenta con el único testimonio que queda en Béjar de secadero al aire libre a base de grandes losas de granito". Creo que aún queda otro secadero, como el que describe, que de no tomar medidas se perderá, es: En la fábrica de Navahonda (Cipriano Rodriguez Arias S.A.), justamente debajo de la vuelta en herradura de "Los Pinos".
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