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El suicidio económico de Europa
Banco EuropeoLa austeridad fiscal que promueve Alemania está ahogando a sus socios europeos
Por: Paul Krugman
Publicado por El País 22/4/2012
La semana pasada, The New York Times informaba de un fenómeno que parece extenderse cada vez más en Europa: los suicidios “por la crisis económica” de gente que se quita la vida desesperada por el desempleo y las quiebras de las empresas. Era una historia desgarradora, pero estoy seguro de que yo no era el único lector, especialmente entre los economistas, que se preguntaba si la historia principal no será tanto la de las personas como la de la aparente determinación de los líderes europeos de cometer un suicidio económico para el continente en su conjunto.
Hace solo unos meses albergaba algo de esperanza respecto a Europa. Es posible que recuerden que a finales del pasado otoño Europa parecía estar al borde de la crisis financiera, pero el Banco Central Europeo, homólogo europeo de la Reserva Federal estadounidense, acudió al rescate. Ofreció a los bancos europeos unas líneas de crédito indefinidas siempre que presentaran bonos de los Gobiernos europeos como garantía, lo que ayudó directamente a los bancos e indirectamente a los Gobiernos, y puso fin al pánico.
La cuestión por aquel entonces era saber si esta acción valiente y eficaz sería el inicio de un replanteamiento más amplio, y si los líderes europeos usarían el oxígeno que el banco había insuflado para reconsiderar las políticas que llevaron las cosas a un punto crítico en primer lugar.
Pero no lo hicieron. En vez de eso, persistieron en sus políticas y en sus ideas que no dieron resultados. Y cada vez resulta más difícil creer que algo les hará rectificar el rumbo.
Piensen en la situación en España, que actualmente es el epicentro de la crisis. Ya no se puede hablar de recesión; España se encuentra en una depresión en toda regla, con una tasa de desempleo total del 23,6%, comparable a la de EE UU en el peor momento de la Gran Depresión, y con una tasa de paro juvenil de más del 50%. Esto no puede seguir así, y el hecho de haber caído en la cuenta de ello es lo que está incrementando cada vez más los costes de financiación españoles.
En cierta forma, no importa realmente cómo ha llegado España a este punto, pero por si sirve de algo, la historia española no se parece en nada a las historias moralistas tan populares entre las autoridades europeas, especialmente en Alemania. España no era derrochadora desde un punto de vista fiscal; en los albores de la crisis tenía una deuda baja y superávit presupuestario. Desgraciadamente, también tenía una enorme burbuja inmobiliaria, que fue posible en gran medida gracias a los grandes préstamos de los bancos alemanes a sus homólogos españoles. Cuando la burbuja estalló, la economía española fue abandonada a su suerte. Los problemas fiscales españoles son una consecuencia de su depresión, no su causa.
Sin embargo, la receta que procede de Berlín y de Fráncfort es, lo han adivinado, una austeridad fiscal aún mayor.
Esto es, hablando sin rodeos, descabellado. Europa ha tenido varios años de experiencia con programas de austeridad rigurosos, y los resultados son exactamente lo que los estudiantes de historia les dirían que pasaría: semejantes programas sumen a las economías deprimidas en una depresión aún más profunda. Y como los inversores miran el estado de la economía de un país a la hora de valorar su capacidad de pagar la deuda, los programas de austeridad ni siquiera han funcionado como forma de reducir los costes de financiación.
¿Cuál es la alternativa? Bien, en la década de 1930 —una época cuyos detalles la Europa moderna está empezando a reproducir de forma cada vez más fiel— el requisito fundamental para la recuperación fue una salida del patrón oro. La medida equivalente ahora sería una salida del euro, y el restablecimiento de las monedas nacionales. Pueden decir que esto es inconcebible, y que sin duda alguna sería enormemente perjudicial tanto económica como políticamente. Pero lo que es realmente inconcebible es mantener el rumbo actual e imponer una austeridad cada vez más rigurosa a países que ya están sufriendo un desempleo de la época de la Depresión.
Por eso, si los líderes europeos quisieran realmente salvar al euro estarían buscando un rumbo alternativo. Y la forma de dicha alternativa es en realidad bastante clara. Europa necesita más políticas monetarias expansionistas, en forma de buena disposición —una buena disposición anunciada— por parte del Banco Central Europeo para aceptar una inflación algo más elevada; necesita más políticas fiscales expansionistas, en forma de presupuestos en Alemania que contrarresten la austeridad en España y en otros países en apuros de la periferia europea, en vez de reforzarla. Incluso con esas políticas, los países periféricos se enfrentarían a años de tiempos difíciles, pero al menos existiría alguna esperanza de recuperación.
Sin embargo, lo que estamos viendo en realidad es una falta de flexibilidad absoluta. En marzo, los líderes europeos firmaron un pacto fiscal que establece de hecho la austeridad fiscal como respuesta ante todos y cada uno de los problemas. Mientras tanto, los principales directivos del banco central insisten en recalcar la voluntad del banco de aumentar los tipos a la más mínima señal de una inflación más elevada.
Por eso resulta difícil evitar una sensación de desesperación. En vez de admitir que han estado equivocados, los líderes europeos parecen decididos a tirar su economía —y su sociedad— por un precipicio. Y el mundo entero pagará por ello.
Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, es catedrático de la Universidad de Princeton.
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No voy a ser yo quién ponga en duda los razonamientos en materia eonómica que hace en su artículo Paul Krugman,(nada menos que premio Nóbel de Economía 2.008)Sería una osadía pretender entrar en debate con tan ilustre personaje.
No obstante,sí me atrevo a exponerle dos apreciaciones,que a mi juicio,son discutibles.Dice el Sr.Krugman,que no importa como ha llegado y se ha extendido la maldita crisis hacia Europa y hasta que punto le está afectando tan duramente a España.En mi modesta opinión,sí que importa saber como ha llegado tal situación,es más,deberíamos exigir,como y quienes son los culpables-responsables de semejante descalabro,y que tanto daño está ocasionando a los ciudadanos del Mundo.Hay otro punto en el cuál también discrepo.Dice Krugman,que las inyecciones efectuadas por el Banco Central Europeo hacia los bancos de la zona euro,a pesar de su buena intención,no han causado el efecto deseado.En mi opinión,los créditos destinados a reactivar la economía en Europa,(y concretamente en España)se debían haber hecho desde el BCE,al Instituto de Crédito Oficial.(ICO),directamente con el mismo tipo de interés del 1% como se ha aplicado a los bancos privados.Desde el ICO se habrían distribuído debidamente los créditos solicitados por los interesados sin má gravamen que el impouesto por el BCE,lo que habría provocado de inmediato una reactivación de la economía.Por el contrario,al recibir la banca privada,éstas cantidades fabulosas,en condiciones tan ventajosas,lo que han hecho,es comprar deuda soberana,al cuatro ó cinco por ciento,obteniendo un estupendo beneficio con un coste mínimo.Indudablemente,los perjudicados directamente,han sido los empresarios españoles que de nuevo se han visto privados de crédito por parte de los propios bancos.Quiero hacer mención,que el dinero proveniente del BCE,no sólo se colocadoen reinvertir en deuda soberana,especulando descaradamente,sino que algunas entidades,han aprovechado ésta ocasión pintiparada,para sanear sus propias cuentas.
En resumen,a pesar de los grandes conocimientos del autor del artículo,en materia económica,desgraciadamente,y debido a la insaciable actitud especuladora de algunos,nos vemos abocados en una situación demasiado peligrosa y sin atisbos inmediatos de resolverse.
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