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Los socios de Gecobesa advierten sobre el grave deterioro de la estación de esquí La Covatilla
Los socios y expresidentes de Gecobesa Los socios fundadores de la extinta Gecobesa, en unión de otros socios y los dos presidentes que tuvo la sociedad, nos reunimos el pasado día 21, diez años después de su liquidación a la vista del actual estado de las instalaciones de La Covatilla y de todos los acontecimientos, sentencias e imputaciones judiciales y hechos constatados, que arrojan nuevas luces sobre las circunstancias en que dicha liquidación se produjo.
Transcurrida una década, desde que Gecobesa dejó la estación de esquí, constatamos que está poco menos que desmantelada, con sus remontes principales y parte de la maquinaria fuera de servicio, las pistas abandonadas, los sistemas sin mantenimiento, sin personal, sin técnicos ni directivos, sin programación comercial o de promoción… sin nada.
Profundamente desolados y gravemente preocupados ante esta situación, que contrasta de manera rotunda con todas las temporadas que transcurrieron bajo nuestra gestión. Ciertamente agraviados, además, por las falsas imputaciones y descalificaciones padecidas durante todos estos años; decidimos hacer públicas nuestras reflexiones, informar sobre los nuevos datos y hechos que vienen a poner las cosas en su sitio y ofrecer, si se considera pertinente, nuestra colaboración desinteresada para reconducir la deriva peligrosa en que se encuentra actualmente la estación de esquí.
Hace un cuarto de siglo, un grupo de personas fundó Gecobesa, aportando el capital de su bolsillo, con el objetivo de convertir el Telesilla de Alejo en una verdadera estación de esquí. Como recordareis las instalaciones que el ayuntamiento puso a nuestra disposición (por el módico precio de alquiler de diez millones de pesetas al año, más el cinco por ciento de la recaudación por forfaits) estaban inacabadas y carecían de dotación de mobiliario o cualquier tipo de instalación técnica para la prestación de servicios. Es más, tuvimos que llevar a cabo obras para terminar los edificios y varias modificaciones, para cumplir la normativa de transportes por cable y de sanidad en establecimientos abiertos al público.
No había pistas de esquí, que estaban directamente prohibidas en la D.I.A. (Aunque el alcalde y los montañeros que le habían asesorado, decían que no hacían falta, por la cantidad de nieve que se acumula en esta zona donde ellos esquiaban habitualmente utilizando un telesquí casero con motor de moto en los ventisquros) Este planteamiento tan alejado de lo mínimo que debe ofrecer una instalación pública para la para la práctica del esquí, fue una de la primeras dificultades que tuvimos que afrontar y que pudimos solventar con la colaboración de los expertos que contratamos, Pablo Arroyo y Miguel Atance, con los que sentamos las bases de la futura estación de esquí.
Finalmente, la estación se pudo abrir con todos los servicios en funcionamiento (pistas, remontes, cafetería autoservicio, alquiler de equipos, tienda y escuela de esquí. Incluida una flamante Pisten Bully nueva que tuvimos que pagar prácticamente al contado y un equipo de vehículos Unimog para el mantenimiento invernal de la carretera de acceso (otra cuestion que nadie había tenido en cuenta hasta que llegamos nosotros) Prácticamente de cero a cien en poco más de medio año.
La inversión que llegamos a realizar para ello (sufragada con sucesivas ampliaciones de capital) superó el millón de euros, aunque, por aquel entonces, todavía estábamos con las pesetas (unos doscientos millones) Desde entonces, temporada tras temporada, la estación fue creciendo en número de pistas, edificios, remontes, instalaciones y servicios, situándose en la primera línea del esquí en España. Ninguna temporada hubo problemas para la apertura y lo más habitual era que nuestra estación fuera la primera de España en abrir y la última en cerrar.
Pero, a medida que fuimos avanzando en el tiempo, fuimos conociendo diferentes problemas que el ayuntamiento nos había ocultado. Primero la causa abierta contra el Reino de España por la UE a partir de las irregularidades comprobadas durante la instalación del telesilla, que condujeron a la retirada de la subvención europea y que no se cerró favorablemente para nosotros hasta 2007, con el Proyecto de Adecuación y Ampliación redactado y sufragado por Gecobesa, que condujo a una ampliación hasta 25 años del plazo de concesión y a una nueva D.I.A. elaborada por Gecobesa, además de las tareas de restauración ambiental y revegetación realizadas completamente a coste de... Gecobesa.
Otro marrón que tenía escondido el ayuntamiento era que el contrato de arrendamiento de los terrenos de la Covatilla, no contemplaba el derecho de superficie y estaba limitado al plazo de cinco años para resolver esta cuestión. Esto no se resolvió y los propietarios demandaron al ayuntamiento, que fue expulsado judicialmente de la finca. También en este caso Gecobesa resolvió la papeleta al ayuntamiento.
Tres veces salvamos al ayuntamiento de Béjar del desastre. Cuando conseguimos poner en marcha una estación de esquí a partir de unos remontes que llevaban un año oxidándose en la sierra sin que nadie supiera qué hacer con ellos. Cuando la Unión Europea estuvo a punto de meter un puro gordo al ayuntamiento, si no hubiéramos intervenido nosotros y, finalmente, cuando el ayuntamiento fue expulsado judicialmente por los propietarios de la finca donde se había construido ilegalmente. Nadie nunca nos agradeció nada. Más bien al contrario.
Gecobesa mantuvo en plena capacidad de funcionamiento la estación de esquí durante catorce temporadas, mientras la iba construyendo incorporando nuevos edificios, pistas, remontes, innivación artificial, sistemas informáticos y de comunicación... Gecobesa editaba anualmente una revista de promoción de la estación de esquí y toda su zona de influencia, que se distribuía por toda España y Portugal. Organizaba cursos de la Universidad de Verano. Participaba en ferias y certámenes de turismo. Sus representantes formaban parte activa de los órganos de dirección de Atudem, colaborando durante más de diez años en la organización del esquí en España y en la redacción de los reglamentos actualmente vigentes.
Podríamos estar mucho tiempo añadiendo méritos a su currículo empresarial, pero, en todo caso, no podemos dejar fuera la labor de formación realizada con sus operarios y técnicos, que se capacitaron en cursos oficiales. Alguno de ellos continúa trabajando en el sector de la nieve en puestos de responsabilidad. Aquí ya no queda ninguno.
No creemos que sea necesario abundar en esta relación de hitos conseguidos por Gecobesa. A lo mejor es más importante y emocionante compartir el recuerdo que todos los presentes r4n la reunión conservamos de algunas jornadas en nuestra estación de esquí en las que no nos faltaba de nada para sentirnos en el mejor de los mundos nevados.
Todo esto se mantuvo hasta 2014. Cuando Gecobesa terminó aviesamente liquidada. Diez años más tarde el panorama que tenemos ante nuestros ojos es bien distinto, como ya se ha señalado. Los remontes principales llevan año y medio fuera de servicio, no hay nadie ocupándose de las instalaciones y la posibilidad de que pueda abrir la próxima temporada, dentro de cuatro meses, es muy remota. Se acabaron las campañas de Promoción y el protagonismo en el sector del esquí. Se ha perdido la tercera parte del dominio esquiable y, en esencia, lo que queda es una estación desmantelada, desprestigiada, sin personal y a cargo de un concejal recién nombrado que, de momento, no cuenta ni con equipo técnico ni operarios para ponerla en marcha.
Durante estos últimos diez años hemos asistido al colapso paulatino de La Covatilla, sujeta a decisiones y comportamientos que han desbaratado todo lo hecho anteriormente. El Ayuntamiento ha fracasado estrepitosamente como gestor y ha sufrido, cada año, cuantiosas pérdidas económicas que, si se hubiera tratado de una empresa, habrían provocado sucesivos concursos de acreedores.
Esto es paradójico, porque fue el ayuntamiento el que provocó esta situación para Gecobesa con la reclamación ejecutiva de los cánones que no nos compensaron por la inversión realizada. Años después de haber sido liquidada la sociedad la justicia nos dio la razón anulando el decreto, por el que se nos ejecutaban 618.000 euros, por arbitrario e injusto.
Con varios años más de retraso, la justicia también ha sentenciado que el ayuntamiento debe indemnizar por importe de 4.200.000 euros, más intereses, por las inversiones realizadas y recibidas en La Covatilla, desestimando las pretensiones mantenidas por los sucesivos gobiernos municipales, negando la mera existencia de las mismas. Aún asi, el ayuntamiento no hace un mal negocio, porque pagaría sólo la cuarta parte de lo recibido.
El ayuntamiento no se limitó a provocar el concurso de acreedores sino que actuó de manera directa para que no se aprobara el convenio, siendo el único acreedor en solicitar la calificación de concurso culpable y, posteriormente, conspiró para provocar la liquidación final a través de la Agencia Tributaria, controlada por el presuntamente corrupto equipo del ex ministro Montoro, que, literalmente, nos asfixió, saliéndose del convenio, negándonos quitas o aplazamientos, ejecutándonos todo lo ejecutable y embargándonos todo lo embargable. Un alto cargo del PP, nos avisó confidencialmente por aquel entonces de reuniones al más alto nivel para acabar con nuestra sociedad, ahora, con la reciente imputación de Montoro todo se explica.
Estos datos y hechos nos vienen a dar la razón, cuando Gecobesa lleva años muerta y enterrada. Pero demuestran que si, en su día, se hubiera adoptado la vía de la negociación constructiva, se podría haber evitado la ruina de la estación y se habrían ahorrado muchos millones de euros de dinero público.
A pesar de todo, creemos que La Covatilla nunca ha dejado de ser un importante factor para la economía de la ciudad y su entorno, aunque su futuro, en estos momentos, pende de un hilo. Consideramos, por consiguiente, que la ciudadanía tiene derecho a conocer las circunstancias en que se ha fraguado este escenario, para que se pueda corregir el rumbo y la nave pueda volver a flote.
Juan José Estévez Moreno y Francisco Montero Moral
Presidentes de Gecobesa y resto de socios reunidos.
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No se puede decir más claro!!!Nadie a reconocido públicamente la buena gestión de Gecobesa y está claro que todos los partidos de nuestro ayuntamiento estaban de acuerdo para quitar a Gecobesa la estación. Pues mira.....el karma existe!!!!
Precioso y minucioso memorándum de "lo que quiso ser y no fue". Pero resulta paradójico que entre tanto experto a nadie se le ocurrió plantear la influencia negativa que el para entonces bien documentado, previsible e inevitable cambio climático podría ejercer frustrando su gecobésico sueño. Se veía venir.
Y resulta tarea harto difícil "que se pueda corregir el rumbo y la nave pueda volver a flote" cuando ésta se encuentra varada y achatarrada en un decrépito desierto. Sin ánimo de herir sensibilidades, aquí lo más sensato y útil sería desmontar el chiringuito y dejar todo en su anterior estado natural.
Es imposible que el primero de los "marrones" a los que se alude en el escrito pillara desprevenidos a los gestores de GECOBESA. Me refiero a "la causa abierta contra el Reino de España por la UE a partir de las irregularidades comprobadas durante la instalación del telesilla, que condujeron a la retirada de la subvención europea". Colaboré en la argumentación legal que se presentó desde ACUHO y Ecologistas en Acción ante la UE en forma de queja y conservo incluso los dosieres de prensa que todo aquello generó: hasta el más lerdo sabía que la UE retiraba las ayudas prometidas por incumplimiento flagrante del derecho comunitario en materia de Medio Ambiente. Como no podía ser menos, desde el sector ecologista se hizo amplia difusión de la noticia en todos los medios, pero en GECOBESA ni se enteraron; si todo lo hicieron así, con ese "espabile", no me extraña que la aventura terminara como terminó.
A partir de aquel revés, el empecinamiento alejil y empresarial no se detuvo, siguieron contra viento y marea hasta joder media sierra con sus carísimos juguetes pijolandios.
Desde el principio dijimos que la fraudulenta autorización firmada por el impresentable Francisco Jambrina sería el inicio de una extensa mancha de aceite (de chatarra) que destrozaría el ecosistema a cada golpe de ocurrencia y que el castillo de naipes (de chatarra) caería ante la cruda realidad del cambio climático, pero nadie hizo caso. Ya ven quiénes llevaban la razón en todo este despropósito.
Ahora, cuando es más evidente la degradación de las instalaciones (la chatarra), se presenta la mejor oportunidad para cerrar para siempre ese engendro, desmontar, desmantelar y vender al peso lo que quede, sin olvidar lo más importante: dejar la sierra exactamente como estaba antes de la fiebre de la nieve que les entró a algunos hace décadas.
José Muñoz Domínguez
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