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Recordando, tras 150 años, la Revolución de 1868 en Béjar (3ª parte y última)
Batalla del Puente Alcolea
Calle de La LibertadAntonio Avilés Amat
Publicado: en la Revista de Ferias y Fiestas 2018 y en el blog de Carmen Cascón (Pinceladas de Historia Bejarana)
Lo que sí sabemos con absoluta certeza es que el contingente del ejército profesional de la reina Isabel II (que exhibe una impecable artillería cuyos disparos, desde temprano, sobrevuelan la población textil), enviado para amedrentar, con tropas a caballo y de infantería, a la bisoña milicia local y, tal vez, con la consigna de no emplearse a fondo sobre ella, es rechazado por esta cada vez que intenta penetrar al interior de la ciudad. Por la puerta de San Nicolás o por Campopardo, cuando lo pretende. O por la de la Villa o de Ávila, en múltiples y renovadas ocasiones. Y por supuesto, todas infructíferas.
Es posible que los que contendían en Béjar, especialmente las unidades del brigadier Nanetti, estuviesen muy pendientes del resultado de la batalla de Alcolea en la que se enfrentaban, al mismo tiempo que en nuestra ciudad, los sublevados de Cádiz con las tropas del ejército gubernamental. Horas antes que finalice el asedio local, el combate junto al Guadalquivir se decide con el triunfo de los revolucionarios y su posterior marcha hacia la capital del país donde se impone el triunfo de la revolución.
También los del brigadier Nanetti, en el ámbito local, cansados de tantos embates sin éxito y dando por perdida la causa, deciden su retirada dejando su huella de muerte y pillaje entre los más desprotegidos para escarnio del ejército que tendrá su juicio posterior por tales desmanes. Juicio en el que apenas se dilucidan responsabilidades para los responsables de los hechos.
Héroes por la Libertad No existen cifras oficiales de bajas producidas en la jornada del 28 y de los días posteriores en ambos bandos; sí las oficiosas, entre los represaliados del barrio de La Corredera, que se cierran en veinte y tantos, casi la treintena, incluido un joven mendigo de 10 u 11 años. Luego, en octubre y noviembre se registran algunas defunciones —2 ó 3— entre los soldados gubernamentales hospitalizados por heridas de diversa consideración (alguno, incluso, por impacto de bala de cañón, posiblemente de aquellos construidos artesanalmente por los defensores, que guarda hoy el Museo del Ejército) en los hospitales bejaranos.
Al día siguiente, ya ha triunfado la Revolución Gloriosa, y desde San Sebastián, donde pasaba sus vacaciones la reina Isabel II, en cuanto vio perdida su causa, toma un tren y se exilia a Francia amparada por Napoleón III y Eugenia de Montijo.
Placa con algunos nombres de los caídos en aquellas jornadas
A Béjar le llegaron reconocimientos —ahora heroica ciudad— y honores de casi toda España; muchas ciudades y pueblos dieron su nombre a calles y plazas. Los miembros de la Junta Revolucionaria llegaron, incluso, a solicitar del general Prim —el hombre fuerte y más destacado de la revolución— como recompensa a su heroica gesta, la capitalidad provincial. Y aunque esto no llegara a producirse, sí que quedó, registrada en la historia contemporánea la proeza singular de aquel 28 de septiembre de 1868, hace siglo y medio. Que ahora, con la brevedad del texto que antecede, he pretendido rememorar.
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