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Muerte de un traidor, asesino y ladrón.
PinochetLas palabras que utilizamos pueden sonar duras, pero son las apropiadas para el caso. La muerte de Pinochet, obviamente no ha podido pasar desapercibida. No creo que hubiera en el mundo personaje que haya provocado tanta animadversión y también pocos, pero tenaces apoyos. La traición al presidente Allende y a la Constitución Chilena, los miles de asesinatos, las torturas, las desapariciones, el saqueo del país para beneficio de unos pocos, son sin duda uno de los episodios más negros en la historia de la humanidad.
Las cosas han cambiado mucho, desde el golpe de estado de 1973, que quebró las esperanzas de millones de personas de todo el mundo y nos "dejó noqueados" a los demócratas, hasta hoy. El golpe, no lo olvidemos fue auspiciado, apoyado y preparado por los EEUU, en una época de apogeo de la Guerra Fría, entre los bloques capitalista y comunista. Recordemos que el propio Henry Kissinger, Secretario de Estado de los USA, estuvo implicado directamente. Luego le dieron el Nobel de la paz, aunque fue por otra cosa. Paradojas de la vida.
El Telón de acero cayó estrepitosamente, empujado por las ansias de libertad y por el derrumbe económico y moral del llamado bloque comunista y la situación en América latina ha cambiado, afortunadamente a mejor. La mejor expresion de ese cambio es sin duda que en Chile hay una presidenta elegida democráticamente, Bachellet, que sufrió en carne propia la dictadura de Pinochet.
Hay muchas lecciones que se pueden extraer en este momento.
La primera es que a los dictadores, les llega su hora y que los pueblos siguen manteniendo, a su pesar, las ansias de libertad intactas. Pinochet ha estado encausado en numerosos juicios, que desgraciadamente no han podido finalizar. Esa sería la segunda lección, los dictadores deben saber que ya nunca podrán estar tranquilos, que la justicia de cualquier país podrá perseguir esos crímenes contra la humanidad.
La Justicia chilena debe pensar cual ha sido su papel en todo el proceso y debe hacer examen de conciencia. Si lamentablemente no se ha podido condenar a Pinochet en ninguno de los numerosos juicios pendientes ha sido precisamente por su inacción en el tema. Han tenido que ser otros jueces y tribunales los que han obligado a la justicia chilena a caminar por la senda que nunca debieron abandonar. En este empeño hay que destacar la actuación del Juez Garzón, cuyo procesamiento inicial fue el desencadenante de todos los procesos que aún siguen pendientes.
Los procesos pendientes deben continuar, pues aún hay mucho implicados que se deben sentar ante los tribunales y, sobre todo, porque las víctimas y sus descendientes merecen justicia.
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Como siempre, los más extremistas son los conversos y, siguiendo esta tradición, en Chile los que más hablan de democracia son los socialistas. Estos, antes del gobierno militar, desde la segunda mitad de los años sesenta, denunciaron lo que llamaban "democracia burguesa" y adoptaron la estrategia del violentismo, el terrorismo y la vía de la fuerza para llegar al poder, al estilo de Fidel Castro. Cuando ganaron las elecciones de 1970, con Salvador ALLENDE, nacionalizaron, expropiaron y se tomaron por la fuerza todo lo que pudieron. Violaron las leyes y el estado de derecho, según lo denunciaron en su oportunidad la Corte Suprema, la Cámara de Diputados, el difunto presidente Eduardo Frei y el actual presidente, entonces senador, Patricio Aylwin.
Pero hubo más. ALLENDE llevó a los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas a su gabinete, un año antes del golpe del 11 de septiembre de 1973 y nominó como máximo ejecutivo del Ejército al general Augusto Pinochet. Sí. Aunque usted no lo crea, los militares llegaron al gobierno porque los socialistas los llevaron. Después se quedaron un tiempo un poco largo, para arreglar las crisis de proporciones que armaron los mismos socialistas.
El caso chileno es muy raro y casi incomprensible. Pinochet es el único funcionario público importante cuyo nombramiento fue hecho por Salvador ALLENDE. Y debe ser el único militar en el mundo que liberalizó, privatizó, abrió la economía, instauró una democracia y la entregó a sus adversarios políticos, después de perder un plebiscito donde obtuvo más del 40% de los votos.
Es, también, curioso que los antiguos socialistas extremistas sean hoy los campeones de la democracia y hasta de la libertad. Al menos en los discursos, porque, en la práctica, han detenido las privatizaciones y las liberalizaciones, han subido los impuestos y regulan todo lo que pueden, junto a los demócratacristianos.
Más raro aún es que los chilenos trabajan como locos y hacen las cosas bien, después de décadas de decadencia relativa en el concierto latinoamericano. Esto a pesar del estancamiento del sector estatal.
La gracia de Pinochet fue intuir que ya el mundo no marchaba más hacia el socialismo y se embarcó en una aventura liberal en lo económico, que concluyó en una modalidad democrática en lo político, después de años de prácticas autoritarias.
Ahora gobiernan los demócratacristianos, que promovieron el golpe, junto a los socialistas, que lo recibieron, y juntos molestan, por decirlo así, a los uniformados y funcionarios de los tiempos de la dictadura, como les gusta decir. La concertación gobernante congeló el proceso modernizador y se prepara para ganar las elecciones de fines de año, con un discurso más abierto y liberal que, incluso, hable de privatizar, aunque también de regular y controlar. El candidato presidencial es Eduardo Frei, hijo del difunto presidente de su mismo nombre y que, al igual que su padre goza de gran popularidad.
En Chile, en definitiva, se imponen las ideas liberales, pero ganan los que tradicionalmente estuvieron con el socialismo de estado. No importa si no se entiende. Lo que interesa es que la modernización liberal se retome y que se legisle para terminar con las odiosidades y persecuciones.
Artículo anterior año 1993 de D.Alvaro Bardón, profesor de economía Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile.
Después de 47 años de férrea dictadura, Fidel Castro por fin ha cedido el poder. No lo ha hecho por razones políticas sino porque su salud no le permitía seguir al frente del estado; no ha sido de un modo definitivo porque espera poder retornar al mando, luego de que se recupere de la operación a la que ha sido sometido; no lo ha devuelto al pueblo de CUBA, largamente ignorado en toda decisión importante, sino que lo ha cedido a su propio hermano, cual soberano que sigue ciertas reglas dinásticas y considera su dominio político como cosa personal.
Pero algo es algo. En un régimen tan cerrado como el de la isla, donde el poder está concentrado de un modo tan absoluto en las manos de una sola persona, el alejamiento de ésta por cualquier razón -y por más que sea temporáneo en principio- abre las puertas a la posibilidad de algún cambio, arroja una pequeña luz de esperanza sobre el futuro y nos anuncia que el fin de la dictadura más larga de los tiempos modernos está llegando a su fin.
Los CUBAnos, alentando esperanzas que todavía no pueden confesar, se muestran por ahora tranquilos y tratan de proseguir normalmente su vida, no sea que alguna expresión extemporánea de sus opiniones los arroje a las cárceles del sistema por largos años. Raúl Castro, el heredero, y los otros altos dirigentes del partido comunista, se muestran también parcos en sus declaraciones y deseosos de continuar al frente del estado sin que nada los perturbe. Tal vez están enzarzados en una despiadada lucha interna por alcanzar el poder absoluto.
Pero es imposible que CUBA continúe como ahora: el régimen CUBAno es no sólo una copia del comunismo que tanto dolor causó y tantos estragos hizo durante el siglo XX, sino que además es caudillista y unipersonal, pues está construido sobre la mitología creada alrededor de Fidel Castro desde hace medio siglo. Sólo falta que el tirano acabe de dejar este mundo y que haya cierta colaboración con quienes en CUBA desean recobrar su libertad, para que el destino de su población comience a recorrer el camino de la apertura, la democracia y el respeto a los derechos ciudadanos.
No es mucho lo que podemos hacer para ayudar directamente a los CUBAnos que hoy viven sometidos a un régimen que no permite la existencia de grupos independientes o partidos políticos, que impide a la gente salir de su país, que mantiene la cartilla de racionamiento y donde existen largas condenas de cárcel y hasta la pena de muerte para los disidentes. Pero da vergüenza ajena asistir al silencio cómplice y la genuflexión ante la dictadura que exhiben hoy los gobiernos de América Latina y hasta la propia Iglesia Católica.
En vez de pedir que el régimen se abra, que se liberen los presos políticos y se permita a los CUBAnos opinar sobre la transición a un sistema democrático, nuestros supuestos líderes sólo mandan telegramas deseando la recuperación de la salud del tirano y su retorno al poder. Ni una palabra sobre democracia y libertad, ni una sola exigencia, ni siquiera un modesto pedido para que los nuevos dirigentes cambien en algo la dura existencia del pueblo CUBAno.
Peor aún, la iglesia de CUBA, convertida en un instrumento de control social de la dictadura, sólo se ha limitado a pedir oraciones por la salud del tirano y ha advertido contra la injerencia de gobiernos extranjeros en la isla, manifestando que “no está dispuesta a respaldar o siquiera aceptar mínimamente cualquier intervención extranjera”. El observador imparcial se pregunta por qué esa iglesia no ha pedido nunca por la salud de los presos políticos, a los que se les niega la mínima asistencia médica en las mazmorras CUBAnas, por qué nunca levantaron su voz cuando la Unión Soviética dominaba en CUBA como potencia hegemónica.
Triste es, en verdad, ver cómo a nadie en nuestra región interesa la libertad del pueblo CUBAno; triste y aleccionador. Porque así seguiremos alimentando dictadores criollos con ínfulas mesiánicas, como en Venezuela o en Bolivia, y no tendremos el menor derecho a quejarnos cuando a nosotros también nos arrebaten nuestra libertad.
vergonzosamente copiado y pegado: http://www.elcato.org/node/1806
Cuando no hay argumentos para rebatir un articulo, desgraciadamente se recurre al copia y pega
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