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La Fuente del Lobo. Arte, tradición y expolio patrimonial
(A PROPÓSITO DE LA ENTREGA Nº 4 DE LA SERIE REFUGIOS CLIMÁTICOS DE BÉJAR)
Fig 1
Fig 2
Fig 3Me ha vuelto a pasar. Leo un artículo que me interesa y quiero comentar algo brevemente, pero a los diez minutos veo que tengo más cosas que decir y necesito extenderme con otro artículo, así que lo redacto, busco fotos que lo ilustren y le pido al administrador de este semanario digital que lo publique si lo considera de interés para sus lectores. Espero que así sea.
La primera en la frente, o en la fuente: el penúltimo día de agosto no corría ni gota por la boca del lobo, y no será porque el manantial esté seco, después de haberse cebado a base de bien durante la lluviosa primavera. A ver si el responsable municipal fontanero resuelve en breve tal entuerto. A pesar de la inesperada contingencia, en este bello rincón bejarano no sólo se disfruta de sombra, agua y frondosa vegetación (fig. 1), sino que, para bien y para mal, concurren otros valores de carácter cultural y artístico, y creo que merece la pena recordarlos.
1. Escultura
Tenemos, en primer lugar, el mascarón de bronce que protagoniza la fuente (fig. 2), alusiva al nombre que tuvo este paraje mucho antes de su colocación en 1945, un pedazo de monte que fue público desde la Edad Media hasta que se malvendió a particulares en el siglo XIX, pero que después fue donado a la ciudad, y que cuenta con su propia tradición oral extrañamente conservacionista y hasta «lobófila», recogida por Gabriel Eduardo Rodríguez Bruno en su libro Viejas leyendas bejaranas, de 2005 (1).
La escultura es una pieza de tratamiento naturalista y excelente ejecución cuyo modelo en arcilla fue realizado por Genadio Alonso Huerta cuando tan sólo tenía 17 años. Según noticias recogidas en el semanario Béjar en Madrid, citadas por Pablo Puente Aparicio en su panorámica sobre el arte en Béjar entre 1900 y 1950 (2), fue el pintor y artesano Genadio Alonso Redondo, padre del artista adolescente, quien se encargó de hacer el vaciado en bronce de aquella escultura como regalo para su ciudad en la primavera de 1945. La pieza va firmada por G. Alonso (fig. 3), sin que nos quede claro si se refiere al joven escultor o a su padre del mismo nombre, artífice del bronce.
Fig 4, 5 y 6
Fig 7 y 8La inspiración de la cabeza de lobo pudiera derivar de modelos romanos antiguos, como los mascarones conservados en el Museo Nazionale Romano (Palazzo Massimo alle Terme), procedentes de los barcos de recreo del emperador Calígula que permanecieron hundidos en el lago Nemi hasta ser recuperados en 1929, durante el gobierno de Mussolini (figs. 4, 5 y 6), y que acaso fueron conocidos por Genadio Alonso (padre o hijo) a través de algún reportaje de prensa de la década de 1930 o de 1944, cuando se tuvo noticia del incendio que causaron los ataques aliados sobre los restos navales.
2. Cantería
Fig 9
Fig 10
Fig 11En segundo lugar, el merendero-refugio es un buen muestrario de la cantería local de granito, algo rústica y desigual en las recias mesas, en los asientos, en las escaleras, en la obra de mampostería y sillería del espacio aterrazado y en la fuente misma donde, igual que en la vida de nuestro mejor artista, Mateo Hernández, van de la mano la cantería y la escultura de temática animal, no obstante la notable diferencia entre el modelado naturalista de Genadio y la hierática esencialidad de la talla directa de Mateo (figs. 7 y 8).
Igualmente cabe mencionar los relieves, animalistas también, que se funden con la cantería mecanizada de las nuevas mesas, instaladas en el merendero tras su primera ampliación en los años finales del siglo XX, y decoradas en octubre de 2017 por el bejarano Ricardo Martín Vázquez (fig. 9).
Tanto el viejo merendero como el nuevo (fig. 10) y el novísimo, acogen desde hace décadas las mejores costumbres locales: echar las once a medio paseo matutino en todo tiempo; preparar un sabroso calderillo primaveral y, de paso, organizar la próxima movilización obrera; hacer merienda-cena familiar en las tardes de verano; o preparar unos calvotes en pandilla, en lo más dorado del otoño y víspera del Día de Difuntos, para celebrar que seguimos vivos y dando guerra.
Fig 12 3. Patrimonio expoliado
En tercero y último lugar, no quiero omitir la parte negativa. Me refiero a la enorme escombrera de ese nuevo merendero fuentelobuno, crecida y estabilizada en dos fases por el aporte de toneladas de tierra y piedra en años de mucho desorden y mucho hacer la vista gorda desde instancias concejiles –cuando no se promovía el latrocinio desde el Ayuntamiento mismo– para enterrar en aquel terraplén, a modo de alfombra donde esconder las vergüenzas, todo cuanto pudiera tragar y no ser visto: incluidos los sillares de la desaparecida iglesia conventual de San Francisco o de otras dependencias anejas de uso municipal. Esas piezas labradas y antiguas, basas de pilastras toscanas, cornisas, cuadradillas de solados, etc., se reconocen perfectamente en la foto de la fig. 11, tomada en 1998 en la base de la escombrera de la Fuente del Lobo, pero no representa ni la décima parte de lo que llegó a acumularse allí. Compárense esas piezas con las de la fig. 12, todavía in situ, y sirva como muestra del expolio que algunos hicieron entonces sobre nuestro patrimonio cultural: contratistas, constructores y políticos en alegre contubernio para llenar la andorga, o la cuenta corriente, y echar a perder nuestros bienes culturales.
Haga cuentas el lector y averigüe quién era entonces el alcalde y quién su concejal de urbanismo y obras y acertará también en identificar a quienes hicieron caso omiso a la denuncia y solicitud que presentó un servidor para rescatar aquellas piezas y recuperar los vestigios del entorno conventual de San Francisco.
José Muñoz Domínguez
NOTAS:
1. Rodríguez Bruno, Gabriel Eduardo, Viejas leyendas bejaranas, editorial Grao, Salamanca, 2005.
2. Puente Aparicio, Pablo, «El arte en Béjar. 1900-1950», en Hernández Díaz, José María, y Avilés Amat, Antonio (coords.), Historia de Béjar, vol. II, Centro de Estudios Bejaranos, Béjar, 2013, pp. 549 a 585 (p. 561), disponible en este enlace: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4645217.
FIGURAS:
Fig. 1. La Fuente del Lobo en Béjar (salvo que se indique otra cosa, todas las fotos son de José Muñoz Domínguez, agosto de 2026).
Fig. 2. Detalle de la cabeza de lobo realizada en bronce.
Fig. 3. Detalle de la firma G. Alonso: ¿Huerta o Redondo?
Figs. 4, 5 y 6. Posibles modelos romanos para la cabeza de lobo de Genadio Alonso (imágenes tomadas de https://www.recuperando.com/it/mascheroni/13290-mascherone-fontana-bronz...).
Figs. 7 y 8. Dos formas escultóricas de representar a un cánido: izquierda, detalle del Perro-lobo asentado de Mateo Hernández (1923); derecha, Cabeza de lobo de Genadio Alonso en la fuente homónima (1945).
Fig. 9. Una de las mesas del merendero nuevo decoradas por Ricardo Martín Vázquez, también con motivo lobuno.
Fig. 10. La ampliación inicial del merendero con su fea barbacoa, ya vandalizada, degradando un paraje agreste y armónico.
Fig. 11. Piezas expoliadas del convento de San Francisco, arrojadas a la escombrera de la Fuente del Lobo en 1998.
Fig. 12. Estado actual del muro norte de la iglesia conventual de San Francisco, con sus pilastras sobre basas toscanas idénticas a las arrojadas a la escombrera.
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Gracias por tu aportación, Pepe. Nunca había reparado en la firma de la escultura de la fuente, sólo en la de los dibujitos en relieve que decoran los bancos, obra -o ejecución- del inefable RMV; perdón por la propaganda de la empresa de mensajería. Es obligatorio comer en el merendero usando mantel sobre las mesas, conforme reza la inscripción dejada allí por el artista. Lo llaman arte.
En lo del mantel no había reparado yo, pero nunca sobra, ya sea creativo o tradicional, de aquellos de cuadros, tan campestres como la tortilla y los filetes empanados en su correspondiente fiambrera; de hule, tan resistentes y fáciles de limpiar; o de papel, tan socorridos y siempre aptos para dibujar en ellos durante la sobremesa. Lo importante es congregarse junto a una buena comida y compartir: no perdamos las buenas costumbres, las más sencillas y baratas, las de nuestra tierra. Y ya de paso reivindiquemos aquí y para todos los merenderos públicos bejaranos antes de que algún desaprensivo los privatice: la Fuente de Doña Elisa, la Fuente del Lobo, la Fuente de la Hoja, la Cascada, El Regajo en sus tres espacios con mesas y fuentes, las tres áreas en torno al santuario del Castañar, la Peña de la Cruz... Cantería y convivencia, con arte y sin arte, pero que no falte la sombra, el agua, la gente.
Postdata: no vale pedir las viandas por Glovo (el abuso laboral debe ser proscrito, y las "modelnas" tonterías urbanitas, comodonas e irresponsables también) o por RMW (llegaría todo frío y revenido).
José Muñoz Domínguez
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