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El profesor Raúl Molina Recio ofrecerá una conferencia dentro de las Jornadas sobre los Duques de Béjar
Continuamos con las Jornadas “Aproximación a las biografías de los duques de Béjar” dedicadas a la divulgación de las biografías ducales. El objetivo de estas charlas es dar a conocer los trabajos de investigación contenidos en el libro Historia de los Duques de Béjar. Este volumen, editado a color, ha sido posible gracias a la Fundación “Tomás Olleros Izard”.
El viernes 27 de febrero será el turno de Raúl Molina Recio con una charla titulada “Francisco (II), quinto duque de Béjar (1591-1601): una biografía marcada por la economía y el poder de la casa”. Será a las 20 horas en el Casino Obrero de Béjar.
Raúl Molina Recio es Doctor en Historia y Profesor Titular de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Extremadura. Es especialista en Historia Moderna e Historia Económica, habiendo dedicado sus investigaciones al estudio de la nobleza, la economía nobiliaria, la Demografía, el poder y la Historia de la Familia. Dentro de las líneas de trabajo en Historia Económica, se ha centrado en la Historia Económica de la Empresa y, más concretamente, en el estudio de Hispano-Suiza, así como en la industria automovilística española. Es autor de 7 monografías, 26 capítulos de libro, 14 artículos y ha realizado más de una treintena de ponencias, habiendo sido miembro de 17 equipos de investigación a lo largo de su trayectoria profesional. Tiene reconocidos tres Sexenios de Investigación.
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Por favor, que alguien convenza al Centro de Estudios Bejaranos para no alterar la cronología de los duques de Béjar ni sus ordinales: Francisco II, cuarto duque, no fue titular del ducado entre 1591 y 1601, sino entre 1565 y 1591. El personaje biografiado al que se dedica esta conferencia es su hijo del mismo nombre, quinto duque de Béjar desde el fallecimiento de Francisco II en 1591, y que debería figurar como Francisco III (Francisco Diego López de Zúñiga Sotomayor y Mendoza). Por cierto, entre sus numerosas iniciativas arquitectónicas no se encuentra ninguna relacionada con El Bosque de Béjar (cuya foto ilustra el cartel), más allá de alterar los escudos de su madrastra para colocar en su lugar los alusivos a sus padres, Francisco II de Zúñiga y Sotomayor y Guiomar de Mendoza y Aragón. Insisto: el ordinal es incorrecto y contribuye a confundir personajes.
José Muñoz Domínguez
¿Dónde altera el Centro de Estudios Bejaranos la cronología de los Duques de Béjar? No lo veo por ningún lado, tampoco en el cartel que anuncia la conferencia en el que figura como organizador.
Copio aquí lo que pone en el cartel y se lo explico:
"Francisco (II), quinto duque de Béjar (1591-1601): una biografía marcada por la economía y el poder de la casa".
La secuencia ducal se inicia en 1485 con Álvaro I (1485-1488), al que siguen sucesivamente Álvaro II (1488-1531), Teresa de Zúñiga (1531-1565, casada con el primer Francisco, conde de Belalcázar) y el hijo de ambos, Francisco de Zúñiga y Sotomayor (o sea, Francisco II). Por tanto, Francisco II no fue el quinto duque de Béjar, sino el cuarto, y su período ducal transcurre entre 1565 y 1591. En cambio, la conferencia se refiere al duque siguiente, cuyo período transcurre entre 1591 y 1601, quinto duque, pero al que corresponde el nombre de Francisco III como hijo del anterior.
En la reciente colección de biografías ducales publicada por el CEB, a alguien se le ha ocurrido cambiar los ordinales siguiendo un criterio bastante peregrino (suprimir del recuento a Francisco I por ser duque consorte) montando un pifostio considerable respecto de la historiografía anterior y en contra de la autopercepción que los duques tenían de sí mismos y de lo que consta en la documentación, y para muestra un botón, o más bien una cartela, y hasta ocho, las del palacete de El Bosque, donde dice lo siguiente:
AN(N)O DOMINI (1567) FRANCISCUS BEIARENSIS DUX HUIUS NOMINIS SECUNDUS ET GUIOMAR EIUS UXOR HAEC ERIGEBANT
o sea:
FRANCISCO, DUQUE DE BÉJAR, SEGUNDO DE ESTE NOMBRE, Y SU ESPOSA GUIOMAR, LO ERIGIERON EN EL AÑO DEL SEÑOR DE 1567
¿Cómo puede ser que alguien desde el CEB quiera saber más que el propio Francisco sobre si era o no era el segundo?
A ver si quien propuso esta absurda alteración de ordinales se cae del guindo y rectifica.
José Muñoz Domínguez
Quien ha hecho esta propuesta es el firmante de la Introducción de la Historia de los duques de Béjar, que es también quien rubrica esta respuesta.
Es evidente que la numeración ducal no sigue un criterio aritmético, matemático, exacto, ni aún genealógico. Busca la legitimidad, la legitimidad de la continuidad –lo mismo que otros instrumentos, como la heráldica, incluida la de El Bosque-. Y si no, que se lo digan a los reyes de Aragón o Navarra, que quedaron fuera de la secuencia a partir de los Reyes Católicos en favor de los de Castilla. O a los de Escocia tras la unificación con Inglaterra. Que alguien se autoperciba a sí mismo de determinada manera, o que lo hagan los demás, no otorga verdad absoluta. No hay más que ver, en nuestra historia reciente, el caso del rey Juan Carlos I, que tuvo que optar por un nombre compuesto, cuando en realidad se debería haber llamado Juan III, pero que tuvo que desechar, ya que era el que usaba su padre oficialmente –y sigue teniendo incluso en su ataúd hoy, Ioannes III- y con el que firmaba sus documentos a pesar de que, obviamente, no fue nunca rey (como tampoco fue duque nunca Francisco, por mucho que así lo manifestara él con su ordinal). En los dos casos, Francisco y Juan, manda la secuenciación familiar, no la institucional, esto es, el interés dinástico. A ninguno de nosotros se nos ocurre decir que el emérito es Juan IV. Tampoco deberíamos decir que el consorte es Francisco II. Es, obviamente, mi opinión, que no tiene, ni muchos menos, que prevalecer.
Por otro lado, conviene no olvidar que las Partidas otorgaban pleno derecho a la posesión de títulos nobiliarios a la mujer, y no al marido consorte, Francisco, que nunca fue duque por derecho, sino propter nupcias. En Historia no hay verdades absolutas (tampoco excepcionalismos locales aplicables a los duques de Béjar). Sí tiempos historiográficos. Y el que nos ha tocado vivir, requiere revisiones. Francisco, insisto en ello, no fue duque nominal, sino consorte. Como fueron consortes mujeres que, sin embargo, ejercieron de duquesas de hecho -casos palmarios de Teresa (X) y Alberta (XI)-, pero que nadie les otorgó nunca un ordinal.
Por todas estas razones, no creo que se pueda afirmar alegremente que el autor o el CEB están siguiendo un criterio “peregrino”, pues está razonado, como se puede ver. Sí que es, obviamente, debatible, hasta el punto de que yo mismo me planteé la opción que defiende el firmante del comentario de más arriba, y de que, con seguridad, varios compañeros del CEB no estarán de acuerdo con lo que yo afirmo. Quede claro que es mi opinión como autor de la Introducción, y no de la institución. Y mucho menos puede decirse que se está montando un “pifostio”. A nadie se le ocurre decir que es un pifostio que Carlos I sea Carlos V, por poner otro ejemplo.
Y, por supuesto, toda esta cuestión de la secuenciación ducal, como cualquier otro tema histórico, es discutible y opinable. Es sano. Solo con la controversia académica la Historia avanza. ¿Debemos seguir admitiendo en la lista de reyes egipcios a Menes, sin discutirlo, solo por la razón de que así lo estableciera la historiografía anterior?
No es necesario descalificar. Ningún criterio es peregrino, si está razonado, y los pifostios son necesarios para el progreso intelectual, aun siendo errados. La historia es un bosque de guindos, y todos los historiadores alguna vez nos hemos caído de alguno. Me seguiré subiendo a ellos.
Y, por cierto, que alguien no sea de los principales contribuidores a El Bosque no implica que no lo usara. Es su ámbito vital, y no tiene nada de extraño que se use en un cartel.
Emiliano Zarza
Emiliano, siento de veras que hayas sido tú, alguien a quien aprecio, el responsable del pifostio y del criterio peregrino, por muy razonado que lo muestres. Como ves, yo también he razonado lo mío, y me consta que lo comparten otros investigadores. El caso de Francisco I respecto de su hijo (insisto en mantener la ordinalidad) es calcado al de Felipe I, aquel al que se suele llamar "el Hermoso": como bien sabes, la heredera del trono era su esposa, Juana I de Castilla, pero a los siguientes Felipes no se les negó el ordinal que les correspondía después de este Felipe I, rey consorte como duque consorte lo fue Francisco I: ¿le negarás al rey Felipe II ese ordinal para que todos los historiadores le identifiquen desde ahora como Felipe I?, ¿y también habrá que hacer lo mismo con Felipe III, Felipe IV, con el Borbón Felipe V y con el no menos Borbón Felipe VI?, ¿vas a escribir a Felipe de Borbón para decirle que desde ahora ya no se llama Felipe VI, sino Felipe V?, ¿en serio hemos de revisar los orinales de toda esta secuencia por el criterio que quisiste introducir para los duques de Béjar? Por no mencionar el pifostio que supone para cualquier investigador toparse con estudios anteriores a tu criterio y tratar de encajarlo con la injustificable novedad, con un resultado todavía más lamentable: habrá quienes decidan atenerse al criterio peregrino y quienes nos atengamos a lo establecido en la historiografía previa; ya te imaginarás el follón que se va a montar y el desconcierto entre los lectores y estudiosos.
De sabios es rectificar y espero que lo hagas.
Un saludo desde mi guindo. José Muñoz Domínguez
No quiero ya añadir nada más. Bueno, sí, no me resisto: Felipe fue reconocido rey por las Cortes de Castilla, en un contexto de locura supuesta de su esposa, y es solo en ese momento, cuando las Cortes castellanas le legitiman -por cierto, no sin presión-, y no antes, cuando se le empieza a llamar, con pleno derecho, Felipe I. Felipe sí fue rey. Y otra cosa más: el uso de los ordinales que propuse no es nuevo. Nadie llama ya a Manuel de Zúñiga XI duque de Béjar, por ejemplo, sino X. No hay más que mirar PARES.
En todo caso, decía que no quería añadir nada más, salvo lo siguiente: la grandeza de la Historia está en el debate historiográfico. Sé que tu punto de vista es tan válido -o tan equivocado- como el mío. Faltaría más. No pretendo poseer la verdad absoluta, que, en realidad, no existe. Pero insisto: lo grande de nuestra disciplina es la confrontación de pareceres. Yo, al menos, así lo percibo.
Un saludo para ti también (y para Felipe VI, si tienes contacto con él).
Espero que coincidamos pronto.
Pues aquí lo dejamos, cada cual en su guindo y tan amigos, aunque yo podría seguir indefinidamente, tirando de argumentos contrarios a los tuyos, pero en fin.
No me verás mucho con Felipe VI, o V, o lo que sea: prefiero celebrar el 14 de abril a la espera de que algún día, como pedía el correoso Gonzalo Arias, podamos tener elecciones libres en Spain para elegir entre todos al jefe del Estado y que tan alta representación no dependa ni de la alta cuna ni la baja cama de su padre, como cantara la gran Cecilia.
José Muñoz Domínguez
Qué bien exprepado. La grandeza de la historia está en el debate para el progreso intelectual . Nada es absoluto ni definitivo .
A quien lo les gusten los nunerales, típex y los corrija a su gusto
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