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Un corazón en barbecho
Cuando suena el despertador y levanto la persiana para ver el día, no hay día. Lo voy encontrando poco a poco: en un perro solitario, en un paseante madrugador, en el autobús escolar o en algún amigo que pasa bajo la ventana saludando con ganas.
Con el desvelar de mis sentidos y el café salgo a la calle con cierta incertidumbre. Reviso mis bolsillos: las llaves del coche, de casa, del cole; mi pequeño paraguas para los chaparrones que puedan ir surgiendo, un guante de boxeo, por si acaso, varias sonrisas para las ocasiones y algún gesto adusto que recomponga las conversaciones. Encima de la mesa me dejé los enfados, espero no necesitarlos, los enojos no los encontré, los debo haber gastado.
Comienza la jornada con trece besos que mojan mis mejillas, ya no necesito lágrimas. El corazón alegre se despereza, confiado y sale a pasear, le gusta lo que ve y se instala a mi lado.
Una llamada, un golpe en la puerta, una noticia y el corazón se sobresalta, no debió salir tan alegremente, siente que se pierde su latido y el aire se detiene. Hace frío, todo parece igual, los niños charlan, escriben ríen y preguntan:
- Profe ¿Te duele la cabeza? Es que estás muy seria.
- Si, me duele… la cabeza.
Y el corazón protesta.
¿Cómo se pasa de la alegría al dolor en un segundo? ¿Cómo se hace para que nada se rompa y las miradas no se descompongan? No se hace, las telas que dan sombra y nos quitan el viento han desaparecido.
He decidido dejar mis sentimientos en barbecho, junto a mi corazón. Regulemos los latidos de nuestras vidas antes de que vuelva a sonar el despertador y nos coja desprevenidos. Tendremos más noticias esperadas y desesperadas y volveremos a sentir despacio o desbocados.
Mañana, trece sobresaltos me alegrarán el día, aunque el ánimo agazapado asome poco a poco y con recelo. ¿Cómo le atraparé de nuevo?
Marina Hernández Martín “…En el umbral de la noche”
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Todos hemos dejado los sentimientos en barbecho, Marina. Será más llevadero para los que las sonrisas de la ignorancia infantil, les hagan elevar el ánimo de nuevo.
Acabo de leer esta reflexión en voz alta que nos propone su autora. La vida continua por mucho dolor que haya alrededor. Esperemos poder hacerlo, con tranquilidad, sin voces airadas, pero con firmeza.
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