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Viaje al corazón del Románico
Frómista
Capitel historiadoDe esto hace unos años, lo reconozco. Casi diez, pero lo recuerdo porque fue una de mis primeras escapadas largas de casa. Con un grupo de amigos, y a golpe de volante, admiramos cada una de las pequeñas iglesias rurales de la ruta del románico palentino. El trabajo en casa, con ordenador y mapa en la mano, fue capital. Cual estrategas de una batalla, coloreamos en rojo sobre el plano las poblaciones de nuestra futura incursión y buscamos en la red fotografías de los tesoros medievales que alojaban. Una vez que llegásemos a nuestro destino la actividad se auguraba frenética: kilómetros de recorrido por carreteras locales y nacionales buscando templos, de una belleza inusitada en su humildad, construidos por manos anónimas hace al menos ochocientos años. Y para que el tiempo cundiese en lo debido se hacía necesario hallar una casa rural o alojamiento en un lugar a medio camino de todas partes y para ello consideramos plausible elegir una localidad del Camino de Santiago, justo en el centro de la alargada provincia de Palencia: Población de Campos.
SahagúnNada más contactar con la propietaria de la casa rural y con la llave en la mano, sin esperar a más partimos hacia Frómista, apostando fuerte, y no nos equivocamos. A pesar de ser uno de los paradigmas del románico palentino, el templo aparece demasiado depurado, casi recién reconstruido. No en vano sufrió un proceso de “restauración” a finales del siglo XIX que eliminó cualquier aditamento posterior a su época constructiva, lo cual no quiere decir en absoluto que los arquitectos que lo llevaran a cabo se sacasen de la manga las dos torrecillas de los pies que algunos consideran invención por lo extrañas. Ahí estaban en las fotografías anteriores a la actuación purificadora. Recomiendo, antes de marcharse de Frómista, visitar la parroquia del pueblo, Santa María, que, aunque alejada del románico que centra nuestra ruta pues es gótica del siglo XV, no desmerece una contemplación apreciativa.
Una vez roto el fuego recorrimos uno a uno los pueblecitos que llevábamos marcados en el mapa: Carrión de los Condes, Villalcázar de Sirga (cuya iglesia impresiona por su belleza) y Sahagún en el Camino de Santiago; y Moarves de Ojeda, Olmos de Ojeda, Perazancas, Santa Eufemia de Cozuelos, el monasterio de San Andrés del Arroyo, en el valle del río Ojeda; y en el noroeste, lindando con Burgos, Támara; y en el oeste, Paredes de Nava, lugar de nacimiento del pintor Pedro de Berruguete, y Montealegre con su castillo.
Ermita de Aguilar de Campoo
Y llegamos a Aguilar de Campoo, centro de la montaña palentina, y su aroma dulce y penetrante de las galletas, que lo inundaba todo, penetró en mis fosas nasales, y admiré sus callejuelas estrechas y bien cuidadas, y su plaza porticada con terrazas y cafeterías, y su iglesia parroquial de San Miguel en el centro de la misma, donde en su fachada principal se abría, como un gran ojo, un rosetón que filtraba la luz en forma de colores dentro del templo, y quedé extasiada de la belleza de su retablo, y de las bóvedas nervadas que se alzaban sobre mi cabeza, y de los altos pilares, y del olor a incienso y velas, y de las oscuridad reparadora, y me maravillé con el pequeño templo románico, la ermita de Santa Cecilia, que se alzaba a los pies del castillo dominador desde un altozano, y nos atrevimos a pisar el claustro otrora silencioso del convento de Santa María la Real, hoy sede de la Asociación de Amigos del Románico presidida por el arquitecto y dibujante “Peridis”.
VallespinosoOtros pueblos de la zona fueron acosados con nuestros objetivos fotográficos: San Cebrián de Mudá, Vallespinoso de Aguilar, Santa María de Mave y San Salvador de Cantamuda. Quizás sean estas últimas las que impresionen más al visitante al situarse en muchos casos solitarias en medio del campo o del monte, casi olvidadas, rememorando en su letargo tiempos de lanzas y espadas, de campesinos atados a la tierra, de amenazas abrazadas a las malas cosechas, a la peste, a la
San Salvador de Cantamudaguerra. Dejamos de lado los grandes monasterios y catedrales, los programas procedentes de Europa para difundir un primer estilo internacional que suponía homogeneizar las doctrinas romanas, expresión de poder, por tanto, del grupo dominante sobre los campesinos constreñidos a una tierra que no era suya. Y me centro entonces en ese románico que se convierte en un canto religioso procedente de una sociedad humilde, dedicada a la subsistencia, que volcaba en sus pequeños templos aldeanos lo poco que poseía para tener un lugar al que refugiarse espiritual y físicamente ante la amenaza cotidiana del pavor guerrero y de la muerte. Un edificio construido en piedra frente a un caserío alzado con materiales pobres, madera y adobe, juguete sencillo de los amantes de la destrucción y de los vientos, lluvias y pedriscos. Por eso han subsistido, por eso y por haber mantenido su función, otrora templos religiosos, hoy atracción turística, aun a riesgo de que las administraciones miren para otro lado cuando los recortes apremian.
- Es muy curioso: llegan a
hace 1 día 11 horas - Yo de Ceuta se lo que he
hace 2 días 11 horas - Esta de cojones la
hace 2 días 11 horas - Sí...vale, pero yo no tengo
hace 3 días 5 horas - Qué de Ceuta sabemos poco?
hace 4 días 22 horas - Ni está ni se le espera...
hace 5 días 9 horas - De Ceuta sabemos poco, pero
hace 1 semana 3 horas - No veo nada en el artículo
hace 1 semana 10 horas - De Ceuta no habéis escrito
hace 1 semana 1 día - En lo del mantel no había
hace 1 semana 3 días




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