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No Concurso "La Cuesta de los Perros II". Cuentos recibidos 10
Nueva oportunidad
Autor: Iván Parro
La emoción me embargaba. Unas tímidas lágrimas de felicidad resbalaban por mi piel arrugada y castigada por los años. Nunca había experimentado nada parecido y todo me era nuevo, quizá demasiado nuevo para mí. Después de mi accidente nada volvió a ser lo mismo. La verdad es que no recuerdo mucho lo que pasó. Nada más que se hizo la oscuridad. Lo siguiente fue despertarme en esa habitación de hospital en Salamanca y sentir a mi querida mujer junto a mí, siempre a mi lado, pero sólo sentirla: había perdido la visión.
Mis ojos se apagaron para siempre, fueron presa de la maldita oscuridad y la negritud, el vacío, el infinito color negro era lo único que podía percibir, aunque al menos seguía vivito y coleando (bueno eso un poco menos). Luego fueron meses difíciles de recuperación. El accidente me había dejado casi sin movilidad y recuperarla sería todo un reto. Y yo, aún tan joven, con toda la vida por delante, no quería venirme abajo sino luchar por mí, por mi mujer y por todos aquellos a quienes respetaba y quería. En esa habitación aprendí el valor del esfuerzo, de la constancia, de la paciencia, de la libertad como principios rectores de mi vida, pero también de cualquier vida, y que todo es posible con un poco de perseverancia y dedicación. En esa habitación volví a nacer, me dieron una segunda oportunidad y tenía claro que no iba a desaprovecharla.
El regreso a mi amado Béjar fue triste, pero a la vez muy especial. Ya no vería más mi Castañar, el lugar mágico donde me casé hace ya veinticinco años; no vería La Ancianita, esa plaza que a pesar del paso del tiempo sigue robusta y eterna. No vería El Bosque, ni la Plaza Mayor, ni la Corredera, ni San Francisco, ni las esculturas tan especiales de Mateo… pero, sobre todo, ya no vería más la Cuesta de los Perros.
Recuerdo una foto de la cuesta verde y florida, con esas vistas a la sierra por donde he paseado mil veces con mi mujer, juntos, cogidos de la mano, hablando, sonriendo, cantando, siendo felices al fin y al cabo… Y he llorado de rabia pensando que no podría volver a verla nunca más.
Esta mañana he recibido una llamada de esperanza, una llamada que quizá me devuelva la vista y las ilusiones. Según parece, hay un ojo biónico que ya ha sido probado en personas y que ha tenido buena acogida. Aunque no pueda ver del todo sí podría distinguir formas, ver sombras, personas en movimiento e incluso podría leer letras de tamaño grande. Así, al menos, no me sentiré dentro de esta caverna de la que quiero salir para ver la luz lo más pronto posible. Aunque sólo pueda ver cuerpos y formas sí que podré distinguir de nuevo los colores y volver a mi Cuesta de los Perros, admirando esa luz que desprende. Es lo que más deseo, volver a pasear con mi mujer por allí, como cuando éramos novios y veíamos todo aquello que nos encandilaba, porque aunque ahora esté ciego y aunque no pueda ver bien del todo después de la operación, podré sentir…
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