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Más allá de las nieves menguantes (II)

Roberto Bueno
Miren con detenimiento esta fotografía. En la parte superior de la imagen se recorta la línea de cumbres más altas de la Sierra de Béjar, o Candelario, como ustedes prefieran, con La Ceja, El Torreón, Los Dos Hermanitos y El Pinajarro.
Enfile ahora la mirada cuesta abajo, por Hoya Moros y Hoya Cuevas, acompañando al descenso escalonado del cauce del río Cuerpo de Hombre. Y vea por último como se tuerce hacia la izquierda, al topar con una de las joyas de la corona de nuestra Sierra: la morrena lateral que aparece a la derecha de la imagen.
Ahora apliquen a la fotografía la imaginación necesaria para remontarse miles de años. Les ayudo: están viendo de frente un glaciar de 6 kilómetros de longitud, con una profundidad, estimada por los geólogos, de 180 metros de espesor de hielo, que excavó la cuenca glaciar que llena la imagen en una maravillosa lección de geología. Vean también cómo creó, a fuerza de empujones, esa preciosa morrena glaciar de libro, tal vez la mejor del Sistema Central y, en mi opinión, una de las más bellas de las montañas españolas. Es una delicia recorrer a pie o con la vista su arista perfecta.
Si todavía no la conocen, o no han recalado suficientemente en esta belleza, dense un paseo hasta lo alto de la pista de La Muela, y atraviesen los canchales que dan vistas a las turberas de Navamuño y a esta cuenca glaciar tan espectacular. Es solo una, aunque tal vez la más bella, de las dieciocho lenguas glaciares que se desbordaban desde el casquete de hielo que cubría la actual meseta de El Calvitero. Es un patrimonio geológico de valor inconmensurable y, sin embargo, poco conocido y, por añadidura, poco valorado entre nuestros paisanos.
Los últimos años, más bien las últimas décadas, en Béjar se han ignorado demasiadas joyas naturales por la miopía monolítica de una estación de esquí que no ha resultado ser lo prometido a los cuatro vientos, siendo un sumidero de fondos públicos. Esa miopía monolítica ha impedido reconocer, valorar, enseñar y aprovechar otras oportunidades que la naturaleza nos brinda en nuestra zona.
Aunque solo fuera por darle un grado de protección a estas cuencas glaciares tan impresionantes, toda la Sierra de Béjar y Candelario debería ser hace tiempo el núcleo de un Parque Natural. Y, sin embargo, ese parque natural lleva parado 33 años. No, no me he equivocado con los números. El 30 de abril de 1992, la Junta de Castilla y León dio luz verde a la creación de este espacio protegido. 33 años después sigue paralizado por la propia Junta, con la argumentación del posicionamiento en contra de los vecinos y el ayuntamiento de Candelario.
Y es que, a raíz de la propuesta oficial inicial, muchas personas y colectivos de Candelario, cazadores, ganaderos, empresarios turísticos, etc., hicieron presión, incluso coercitiva entre vecinos discrepantes, para evitar esa declaración. La mayoría de argumentos esgrimidos - imposibilidad de cazar, restricciones ganaderas, incompatibilidad con las zonas de esquí, etc. - llevaban siempre al mismo fin catastrófico: la ruina económica para el pueblo. Pues resulta que hoy, sin Parque Natural, la cosa no parece mejor y, pasados 33 años, Candelario lleva la misma dinámica demográfica y económica que Béjar.
Y, a pesar de ello, al igual que en Béjar ocurre con La Covatilla, Candelario sigue dividida en torno al Parque Natural. E insistiendo en recetas inoperantes, que se ha demostrado en tres décadas que no han funcionado, Candelario y Béjar están hermanadas en la obstinación de impedir que otras oportunidades, más allá de la nieve esquiable, se lleven a cabo. Una ceguera inadmisible en tiempos de crisis demográfica y económica para ambas poblaciones.
La declaración del Parque Natural de Candelario sería una oportunidad económica indiscutible para la zona. Aparte de las subvenciones que se otorgan en esos casos, el efecto llamada como Parque Natural - justo el rango inferior a Parque Nacional - tendría consistencia turística a lo largo de todo el año, y no solo unas semanas como ocurre con las nieves menguantes. Hay ejemplos de sobra en nuestra provincia - Las Arribes o Las Batuecas -, en nuestra comunidad - Duratón, Río Lobos o Sanabria -, y a nivel nacional - Cabo de Gata o Grazalema -, para ver las ventajas que aporta la declaración de esta figura de espacio protegido.
La Junta no debería seguir bloqueando por más tiempo su declaración por las presiones y argumentaciones manipuladoras de ciertas personas y sectores de Candelario. Y el Ayuntamiento bejarano debería convencer a la Junta para reabrir el tema, argumentando un beneficio económico indudable para toda la comarca. Conviene recordar que, para salvar la Declaración de Impacto Ambiental de la estación de esquí de La Covatilla, la Junta argumentó en su día el beneficio social y económico; ahora podrían, y deberían, hacer lo mismo.
Y si, a pesar de ello, Candelario siguiera mostrando su oposición, las autoridades bejaranas deberían tener la valentía y la visión de futuro necesarias para solicitar a la Junta la creación del Parque Natural Sierra de Béjar pues, aunque lógicamente mermado en superficie, tendría suficientes valores ecológicos, medioambientales y geológicos como para salir adelante y convertirse en alternativa de futuro para nuestra ciudad.
Mientras tanto, vayan a conocer nuestras maravillosas morrenas glaciares, que seguirán ahí a pesar de los pesares.
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En cuanto he visto la imagen que ilustra tu segunda entrega me he transportado mentalmente a la Muela, desde donde vi por primera vez esa verdadera "morrena glaciar de libro", exactamente las mismas palabras que he utilizado tantas veces para dar a conocer esta joya geológica a familiares, amigos y colegas, y siempre con la misma queja hacia mis profesores del Bachillerato, que nos enseñaban todo sobre glaciaciones y glaciares, secciones en "U" o en "V" de los valles según el tipo de erosión que los tallaba, los diferentes tipos de morrena de acuerdo con su posición, las partes de un torrente de montaña (lástima de esa lección tan olvidada entre los políticos valencianos), en fin, todo lo aprendible y más, todo lo que cabe en las pocas hojas de un libro escolar o al proyectar unas "filminas": pero NUNCA nos mostraron esa hermosura tan cercana, esa media luna perfecta generada por la Naturaleza durante milenios, y que seguirá ahí cuando los nietos de nuestros nietos ya no pisen el planeta. Que este tipo de espectáculo natural es un atractivo para el público es algo que sólo lo puede poner en duda gente ignorante e insensible: aquellos que nunca aprendieron nada de sus profes y se jactan de ello, pero ahora son tendencia, pues la burricie se ha puesto de moda. No estoy muy seguro de que sea buena idea promocionar espacios tan bellos y tan frágiles entre semejante turba sin garantías de respeto. Imaginemos que a un youtuber descerebrado le da por sacar tu foto en su canal y se difunde entre miles o incluso millones de descerebrados seguidores: con sólo una mínima parte de esa tropa ya la habríamos liado parda; me entran los siete males sólo de imaginar a tanto idiota suelto pateando los taludes, sacándose fotos chorras y llevándose pedruscos de recuerdo ("souvenir de la morrena más molona"), talmente como en el meandro Melero o en las laderas del Teide, por poner ejemplos cercanos. Cuidado con la plaga del turismo.
Y lo de la inveterada oposición candelariense a la declaración del Parque Natural, casi lo dejamos para otro rato...
José Muñoz Domínguez
Hola José. La idea de esta corta serie de artículos "Más allá de las nieves menguantes", es mostrar a los responsables políticos y a la sociedad bejarana, aquellos espacios naturales que tenemos en nuestras cercanías. El fin último es enseñar como estos espacios son alternativas naturales al fracaso medioambiental y económico de la estación de esquí de La Covatilla. Que son alternativas reales para salir del atolladero en que se encuentra la misma que, además, provoca que no haya gestión de otro turismo posible, más sostenible, y con futuro económico. Dejar atrás esa etapa de lo que yo llamo miopía monolítica, aunque también podría llamarse monopolio turístico, de La Covatilla.
El apostar por alternativas tiene, obviamente, el peligro de caer en un turismo depredador e irrespetuoso con los valores naturales. Pero yo creo que hay que enseñarlos, para que la gente se enamore de sitios como esta morrena. Cuando la gente se enamora de alguien o de algo, lo cuida. La posibilidad de que cierto tipo de gente, en vez de enamorarse, vanalice o prostituya nuestros tesoros naturales, esta ahí, pero no por ello puedo por menos de enseñar lo que tenemos, para intentar cambiar la dinámica del dogma único de estas décadas.
Hasta tú con tus palabras te lamentas de que no te hubieran enseñado antes esa morrena… Yo seguiré enseñando estas cosas en mis próximos artículos, esperanzado más que preocupado.
Un saludo,
Roberto Bueno
Totalmente de acuerdo, Roberto, pero siempre con la mosca detrás de la oreja. En mi reciente etapa como profe en Segovia he salido mucho de excursión por el Guadarrama con mis alumnos, siguiendo la vieja estela institucionista de Giner de los Ríos y tratando de mostrar aquellas maravillas naturales y de educar en el respeto (también lo hice en mi etapa bejarana de los noventa), pero incluso en esas circunstancias resultaba difícil que los chavales silenciaran sus móviles (a veces intentaban poner música a toda pastilla en medio de la sierra), dejaran de pisotear fuera de los senderos, arrancar ramas o setas, espantar al ganado, etc. También estuvimos a punto de recibir algún perdigonazo de cazadores que no respetan las vías públicas. En fin, si el alumnado y los adultos más camperos se comportan así en un espacio declarado Parque Nacional, no quiero ni imaginarme qué podrían hacer en nuestra sierra otros adolescentes y adultos sin la presencia de profesores y espoleados por el influencer de turno. Tengo en gran estima a mis maestros, creo que tuve suerte con ellos, pero a los de Ciencias Naturales no les puedo perdonar lo de la morrena de Navamuño, por ejemplo, ni a los de Arte lo del tempietto de San Pietro in Montorio, obra cumbre de Bramante y del Renacimiento en Italia que, sin embargo, fue promovido, financiado y conservado por los Reyes Católicos, a quienes calificaban, empero, de tener una mentalidad medieval y atrasada. Me parece perfecto enseñar al que no sabe (me he dedicado a eso durante 35 años y no pierdo la esperanza a pesar de la burricie rampante de nuestros días), pero se nos olvida que hay quien prefiere seguir instalado en la cómoda y despreocupada ignorancia (como nuestros inefables bobernantes), y contra eso poco se puede hacer salvo lamentarse, con Schiller, de que "Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano". A pesar de ello, habrá que seguir intentándolo. José Muñoz Domínguez
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