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Inmigración Parte II: Efectos de la inmigración en los trabajadores, salarios y empresarios
Border wireWharton University
La cuestión de la inmigración ilegal en los Estados Unidos ha desencadenado un debate acalorado en el Congreso, ha irritado a los dos principales partidos políticos y ha llevado a cientos de miles de defensores de la inmigración a manifestarse pacíficamente en las calles de todo el país.
La controversia ganó impulso de nuevo el 15 de mayo, cuando el presidente Bush, en un discurso televisado dirigido a la nación, dijo que a partir de junio mandaría 6.000 miembros de la Guardia Nacional a cuatro de los estados fronterizos con México para proporcionar apoyo logístico -y no armado- a los agentes fronterizos. Además de vigilar la frontera, Bush dijo que era necesario que el Senado aprobara una legislación que permitiera a los inmigrantes ilegales que viven en EEUU desde hace mucho tiempo permanecer en el país y desarrollar un proceso de regularización para que se conviertan en ciudadanos norteamericanos.
Están en juego la vida y el sustento de casi doce millones de trabajadores indocumentados, las empresas para las que trabajan y las oportunidades laborales de millones de trabajadores norteamericanos con poca preparación profesional. Esta situación plantea las siguientes cuestiones económicas: ¿La inmigración ilegal hace que se reduzcan los salarios de los trabajadores no cualificados? ¿Quitan el trabajo a los estadounidenses? ¿Hasta qué punto depende la economía americana de los trabajadores indocumentados? ¿Debería haber una ley que obligara a los trabajadores ilegales a regresar a sus países de origen? ¿Debería el Congreso modificar la legislación para que éstos paguen algún tipo de multa, pero puedan seguir trabajando en el país?
Peter Cappelli, profesor de Wharton, y Vernon M. Briggs Jr., profesor en la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad de Cornell, en Ithaca, Nueva York, están convencidos de que los trabajadores ilegales hacen que bajen los salarios y restringen las oportunidades laborales de los ciudadanos estadounidenses no cualificados. Briggs cree que el impacto negativo ejercido por los trabajadores indocumentados sobre los trabajadores americanos no cualificados y en los estándares laborales es tan grande que las autoridades del departamento de inmigración deberían cerrar el cerco en torno a las empresas que contratan ilegales, enviando así un mensaje claro a los actuales y futuros trabajadores sin documentación: “No toleraremos la inmigración ilegal”.
Sin embargo, Bernard Anderson, profesor en prácticas del departamento de gestión de Wharton y secretario asistente de trabajo y de estándares laborales durante el gobierno de Clinton, dice que aunque algunos trabajadores ilegales influyen en el nivel de los salarios y desplazan a algunos trabajadores americanos, su impacto es bastante menor de lo que aseguran Cappelli y Briggs. Además, dice Anderson, los inmigrantes ilegales trabajan duro, no llegan al país para vivir de los beneficios concedidos por el Gobierno y se les debería permitir permanecer en EEUU después de haber pagado las multas correspondientes.
Jeffrey S. Passel, demógrafo e investigador senior asociado del Pew Hispanic Center de Washington, capital federal, dice que Pew, que se presenta como un centro de datos, no ha adoptado una posición formal en el tema de la inmigración. Pero dice que los datos sobre el amplio impacto económico de los trabajadores indocumentados no respaldan de una manera significativa ninguno de los dos argumentos.
El retrato de la inmigración ilegal
Un estudio publicado en marzo por el Pew Hispanic Center, patrocinado por el Pew Charitable Trust, de Filadelfia, contiene numerosa información sobre la naturaleza y la extensión de la inmigración ilegal. El estudio utiliza el término “inmigrante no autorizado”, que se define como la persona residente en Estados Unidos que no es ciudadano estadounidense, no cuenta con el permiso de residencia permanente y no tiene un estatus temporal que le permita residir y trabajar en el país por un periodo largo.
El informe, que utiliza datos procedentes de la actual Encuesta de Población de marzo de 2005 de la Oficina del Censo, estima que en EEUU viven entre 11,5 y 12 millones de inmigrantes ilegales, lo que representa un fuerte crecimiento respecto a los 8,4 millones de 2000. Los inmigrantes no autorizados representan un 30% de todas personas nacidas fuera de EEUU, conforme a los datos de 2005. La mayoría de estos inmigrantes– 6,2 millones ó 56% del total- proceden de México. Cerca de 2,5 millones, lo que representa un 22%, provienen de otros países de América Latina.
En 2005, los inmigrantes ilegales contabilizaban cerca del 5% de la fuerza del trabajo, o lo que es lo mismo: 7,2 millones de empleados del total de 148 millones. Aproximadamente, un 19% de los trabajadores ilegales están vinculados a la construcción civil, el 15% se concentra en el sector de la producción, instalación y reparación y un 4% en el sector agrícola. El informe de Pew muestra además que la inmigración ilegal comprende el 24% de todos los trabajadores agrícolas, 17% de los empleados del sector de limpieza, 14% de la construcción civil y 12% del segmento de la preparación de comida.
A veces los partidarios de la inmigración ilegal y de baja cualificación argumentan que la economía norteamericana necesita estos trabajadores porque desempeñan labores que los americanos prefieren no hacer. Pero Cappelli considera esta aseveración un “auténtico mito”. Se han contratado tantos inmigrantes para este tipo de trabajos, no porque los ciudadanos del país los rechacen, sino porque no se sienten motivados para hacerlo debido a los bajos salarios pagados en esa área en comparación con otras. Además, se trata de actividades donde muchas veces las normas laborales puede que no existan y donde las condiciones de trabajo pueden ser peligrosas. Muchos empresarios buscan contratar trabajadores ilegales por la simple razón de que son baratos y las empresas no tienen que invertir en equipamiento y otras mejoras de capital. Los niveles salariales de ciertos trabajadores estadounidenses de baja o ninguna cualificación han caído drásticamente durante la generación pasada y no dan muestras de subir, según Cappelli.
Cappelli dice que ha sido testigo de los efectos de los trabajadores inmigrantes sobre los salarios y las condiciones laborales en otras partes del mundo, inclusive Oriente Medio. En Barein, por ejemplo, donde se utilizan con frecuencia trabajadores de Bangladesh en la construcción civil, el visitante puede ver cómo se utilizan picos y palas en lugar de máquinas.
¿Por qué los inmigrantes ilegales presionan los salarios a la baja? “Así es como funcionan los mercados”, responde Cappelli. “Es difícil para un ciudadano medio entenderlo. Si los trabajadores ilegales dejaran EEUU mañana, ¿qué pasaría? Algunas personas piensan que nadie haría estos trabajos. Si eso pasara, las empresas cambiarían las condiciones de estos trabajos y los salarios subirían; y sí, las empresas contratarían personas que no necesariamente están haciendo estos trabajos hoy en día. Esto pasa en todos los mercados laborales. Es imposible imaginar un trabajo, el que sea, que no acabe siendo realizado con el tiempo. Esto no ocurre”.
Aunque es verdad que los trabajadores poco cualificados que entran legalmente en EEUU también presionan los salarios a la baja, hay una gran diferencia entre ellos y los indocumentados. “La diferencia es que los inmigrantes legales llegan, al menos en parte, siguiendo una validación económica de posible utilización de sus habilidades”, señala Cappelli. “Éste es uno de los criterios para poder entrar en EEUU”.
Cappelli dice que Estados Unidos necesita legislación que “haga frente a asuntos económicos reales. Si permites la entrada a un volumen mayor de trabajadores sin cualificación, hará que se reduzcan los costes para los empleados. Así todo, los salarios de la gente que hace esos trabajos también caerán. Se trata claramente de una cuestión política. Si quieres beneficiar a los trabajadores norteamericanos poco preparados, hay que reducir la inmigración ilegal. Es importante que discutamos de forma muy transparente qué queremos hacer. Y estamos evitando el problema al decir que nadie quiere hacer este tipo de trabajo”.
Briggs, profesor de Cornell, dice que hacer la vista gorda a la cuestión de los trabajadores ilegales, como han hecho las autoridades de inmigración, puede terminar perjudicando a los ciudadanos estadounidenses y a los propios empleados ilegales. Los trabajadores indocumentados pueden “desplazar”, para usar el término utilizado por los economistas laborales, a los norteamericanos de origen africano y otras minorías que son jóvenes y están buscando su primer trabajo u otras minorías de trabajadores con menor preparación. Además, incluso si los trabajadores ilegales ganan el salario mínimo de 5,15 dólares la hora -y la mayoría lo ganan, según Briggs-, las condiciones de trabajo pueden ser peligrosas y no cuentan con ningún amparo legal porque están en Estados Unidos ilegalmente.
El lado más sombrío de la democracia
“Muchos trabajadores indocumentados están trabajando en condiciones terribles”, dice Briggs. “A algunos se les paga en desacuerdo con lo que establece la ley de remuneración por hora e incluso algunos son niños haciendo trabajos que jamás deberían hacer. Lo que tenemos es el lado más sombrío de la democracia… hay quien trabaja en régimen de esclavitud”.
Estos inmigrantes ilegales suelen ser hombres de entre 18 y 30 años, muy ambiciosos, dice Briggs, y aceptarán cualquier tipo de trabajo, lo que les hace vulnerables a los abusos. “El problema de la inmigración ilegal es que nivela todo por el nivel más bajo y cruel, hasta el punto de hacer repulsiva cualquier discusión sobre el asunto”, dice. “Los inmigrantes ilegales siempre ganarán cuando compitan por trabajos con los ciudadanos norteamericanos. Esto no significa que haya algún problema con los trabajadores del país, sólo significa que hay un contraste entre EEUU y el país de origen del inmigrante ilegal. No importa lo mal que estén las cosas en EEUU, es mejor que en el país del inmigrante. Aunque esto signifique hacinarse en apartamentos o trabajar los fines de semana, el inmigrante lo hará, y no protestará por la discriminación sexual o racial. Trágicamente, si muchos empresarios tienen que escoger entre los inmigrantes ilegales o los ciudadanos estadounidenses, escogerán a los primeros”.
Briggs reconoce que hay pocos datos que apoyan sus preocupaciones acerca de la inmigración ilegal. Pero él es firme en su creencia de que “si no nos ponemos serios acerca del cumplimiento de la ley, la gente seguirá sufriendo. Me refiero a los miembros más vulnerables de la sociedad”.
Desde el punto de vista de Briggs, la única manera realmente eficaz de reducir la inmigración ilegal es tomarse seriamente las sanciones a los empresarios y hacerlas cumplir en los lugares de trabajo. “Esto significa la aplicación de fuertes multas a los empresarios que contratan inmigrantes y dejándoles claro que no se debe contratar a los inmigrantes ilegales bajo ningún concepto”, señala. “No deberían estar aquí; no deberían estar trabajando. Hay que conseguir que sea imposible su contratación. Gradualmente irán acostumbrándose a la idea de que tienen que volver a casa, que no tienen mucha esperanza de conseguir un estatus legal”.
Briggs dice que podría ser útil que los trabajadores inmigrantes llevaran una tarjeta de “identificación laboral”, que tendrían que presentar a los posibles empleadores para conseguir trabajo y solicitar beneficios del Gobierno. Briggs está en contra de construir “muros masivos” en la frontera con México, pero añade que las “barreras psicológicas” de cualquier tipo en lugares estratégicos a lo largo de la frontera podría ayudar. “Posiblemente podríamos construir cercas electrónicas que enviaran señales en el momento en que alguien las cruce, de manera que las autoridades fueran informadas automáticamente de la presencia de un ilegal”.
Anderson, economista de Wharton especializado en el área laboral, no está de acuerdo con la visión de Briggs sobre la inmigración ilegal y señala que “la cosa está tan mal como parece…Una línea de pensamiento dice que debemos proteger la frontera porque, si no lo hacemos, Estados Unidos quedará sujeto a un riesgo intolerable de terrorismo, sin que haya evidencia alguna de que los terroristas acceden al país por el sur”, dice Anderson. “La otra cuestión se refiere al impacto sobre los salarios, la situación económica y el empleo de los trabajadores norteamericanos. En este punto, observamos una nítida divergencia en la literatura económica. Los resultados presentados por los economistas que han estudiado esta cuestión son heterogéneas”.
Según Anderson, hay realmente un gran volumen de pruebas de que los hispanos hoy realizan buena parte de las tareas antes ejecutadas por los afroamericanos, tales como funciones diversas en la industria hostelera. Anderson comenta que él mismo observó estos cambios en el sur de EEUU durante sus viajes en los últimos treinta años. Así todo, hay indicios de que muchos afroamericanos ya no realizan tareas de baja cualificación, no porque los inmigrantes ilegales les hayan arrebatado los trabajos, sino porque han progresado y hoy tienen empleos mejor remunerados o porque se han jubilado y ya no forman parte de la población activa.
“Ha habido una mejora sustancial de las condiciones económicas de las minorías estadounidenses como consecuencia del movimiento de los derechos civiles”, explica Anderson. “No hay duda de que los afroamericanos se han visto favorecidos profesionalmente de esto”. Anderson dice que el 70% de los trabajadores negros actualmente desempeñan actividades de cuello blanco (de oficina) y están empleados en el sector servicios, mientras que otros trabajan en muchas plantas para montar automóviles que han florecido en el sur del país.
A pesar de toda la evidencia disponible, y advirtiendo el hecho de que los datos son contradictorios, Anderson concluye que “hay una cierta sustitución de mano de obra y una cierta caída de los salarios” entre los ciudadanos estadounidenses como consecuencia de la inmigración ilegal. “Por tanto, la presencia de los ilegales, en general, no tiene un impacto significativo en la reducción de las ganancias y las oportunidades de empleo de los trabajadores americanos, incluyendo las minorías. La inmigración, inclusive la ilegal, no ha sido tan nociva para las oportunidades de empleo de los afroamericanos. Estoy convencido de eso. Por eso no encontramos líderes políticos afroamericanos simpatizantes de los oponentes de la inmigración”.
Y prosigue: “Muchos se preguntan por qué… los políticos negros apoyan a los inmigrantes y se oponen a las medidas sancionadoras más severas. Cuando observamos quienes son los opositores de la inmigración ilegal, encontramos los mismos reaccionarios que se han opuesto a una legislación progresista y que se opusieron al salario mínimo y a los esfuerzos de mejora de las oportunidades económicas de las minorías”.
¿Qué tipo de proyecto de ley de inmigración le gustaría a Anderson que fuera debatida en el Congreso? “Tenemos que garantizar la seguridad de las fronteras. Ninguna ley debe obviar eso. Es preciso reconocer que la gran mayoría de los trabajadores que están en el país no han venido pensando en sacar provecho de los beneficios ofrecidos por el Gobierno. Si no hubiese oportunidades de empleo, ellos no vendrían. Así todo, nuestra política de inmigración debe ser elaborada de tal modo que no haya reducción de salarios y restricciones de oportunidades de trabajo para los trabajadores estadounidenses. Por tanto, creo que hay que proteger las fronteras para reducir de forma significativa los flujos de ilegales. A continuación, deberíamos tratar de legalizar a aquellos que ya están aquí. Si los legalizamos, después de pagar una multa, les liberaríamos del confinamiento en el que se enfrentan y desencadenamos un proceso de mejora de salarios y de condiciones de trabajo”.
Con relación a la cuestión más amplia de los efectos positivos y negativos de la inmigración ilegal, Passel, del Pew Hispanic Center, señala: “No sé si hay algo en los datos que indique claramente una u otra cosa. Por un lado, se trata de mucha gente: entre 11,5 y 12 millones de personas. Eso corresponde a un trabajador de cada veinte, por lo que no se trata de un porcentaje tan grande del mercado de trabajo. Y, sin duda, es un porcentaje muy elevado de la fuerza de trabajo de baja cualificación, tal vez algo en torno al 15 o 25%.
Passel añade, sin embargo, que no hay evidencia alguna en la literatura económica que confirme la sustitución de ciudadanos estadounidenses por inmigrantes ilegales en la ejecución de actividades de baja cualificación. “La presencia de ilegales no está asociada a los altos índices de desempleo entre los nativos. En mi opinión, sería preciso probar esta hipótesis para que la sustitución de mano de obra fuese comprobada de hecho. Geográficamente, la tendencia es lo contrario: lugares con grandes masas de ilegales tienden a tener un índice de desempleo menor que donde no hay ilegales. Los ilegales buscan áreas económicamente fuertes, por eso su presencia no acarrea impacto alguno”.
Una política ineficaz
Aunque el Pew Hispanic Center no toma partido en la cuestión de la inmigración, Passel señala que es evidente, desde el punto de vista demográfico, que la política de inmigración de EEUU no consigue impedir la entrada de inmigrantes ilegales en el país, tampoco consigue reducir el número de ilegales.
“Por lo menos en la última década, e incluso durante más tiempo, nos hemos limitado a dos enfoques diferentes”, dice Passel. “En primer lugar, dificultamos la entrada de ilegales e intentamos incluso impedir su entrada en el país. Es obvio que esa estrategia no ha funcionado. Hay evidencias en mi trabajo, y más objetivamente en trabajos ajenos, de que esa política, en verdad, siempre se ha mostrado contraproducente. En vez de contener a las personas de fuera, las hemos motivado desde dentro”.
Esto se explica por el hecho de que muchos inmigrantes ilegales prefieren transitar entre EEUU y México, trabajando cuando es necesario y volviendo a su país para visitar a su familia. Pero al hacer más caro y peligroso entrar en EEUU cada vez, los inmigrantes deciden traer a sus esposas e hijos y quedarse en el país. Passel dice que cerca de 1,8 millones de inmigrantes ilegales en EEUU tienen menos de 18 años. Cerca de otros 3,1 millones son hijos de inmigrantes nacidos en EEUU y, por tanto, son ciudadanos americanos. Cualquiera que sea la política adoptada por Washington, tiene que tener en cuenta el destino de aproximadamente cinco millones de niños.
El segundo enfoque adoptado por las autoridades del departamento de inmigración estadounidense en años recientes consiste en dificultar la permanencia de inmigrantes sin documentación en EEUU después de su entrada en el país, impidiéndoles obtener la licencia para conducir, solicitar beneficios del gobierno, o presionando en lugares de trabajo de remuneración diaria. “Pero todo esto no parece haber tenido un impacto muy significativo”, señala Passel. “Probablemente, porque por más que queramos hacer difícil la vida de esas personas, la vida en su país de origen es mucho más difícil”.
La perspectiva europea
Rafael Puyol, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Instituto de Empresa en Madrid y experto sobre demografía e inmigración, tiene su propia perspectiva sobre este aspecto. Él sugiere, por ejemplo, que las actividades a las que trabajan los inmigrantes son casi siempre las mismas. “En EEUU se dedican de una manera prioritaria a las actividades agrarias y, particularmente, a la recolección. Por eso se extienden por todo el país en función de los calendarios de las diferentes cosechas. En Europa, la agricultura, particularmente en zona levantina en el Este de España, también constituye la actividad de entrada, aunque muchos inmigrantes desean salir de ella en cuanto pueden y dedicarse a otras actividades. En España, además de la agricultura, las actividades en las que trabajan son la construcción, los servicios y, particularmente en los últimos tiempos, los servicios personales, como son los servicios domésticos y a la tercera edad, además de la hostelería y los restaurantes”. Últimamente, sin embargo, Puyol observa una mayor diversificación de estas actividades en servicios un poco más especializados, como fontanería y reparaciones del hogar.
Puyol señala que la llegada de inmigrantes a un determinado lugar está determinada por dos factores combinados: “Por un lado, la disponibilidad de puestos de trabajo en estas actividades prioritarias. Los inmigrantes en un país como el nuestro vienen al área mediterránea porque hay una combinación de agricultura, construcción y servicios”. También acuden a las grandes ciudades terciarias “porque hay una multiplicidad de actividades igualmente en servicios y construcción” .
Por lo tanto, dice, “el que haya puestos de trabajo disponibles constituye, sin duda alguna, el factor prioritario. Pero luego hay un efecto muy importante, que es el que juegan inmigrantes anteriores del mismo país, de la misma zona geográfica de procedencia que son los que en una primera fase suelen acoger, orientar y ayudar a los inmigrantes que vienen de ese mismo lugar a instalarse, a encontrar un trabajo, a desarrollar su primera actividad hasta que logran una cierta independencia. Por tanto, “el efecto llamada de parientes, amigos y conocidos juega un papel importante a la hora de la localización de los nuevos inmigrantes”.
En opinión de Puyol, los dos focos de inmigración prioritarios son Estados Unidos y la vieja Europa. El primer foco es Estados Unidos. “EEUU es un país de inmigrantes, por lo tanto, la historia demográfica de los EEUU no se podría entender sin la historia de la emigración hacia ese país. Primero fue la inmigración europea y después se ha diversificado más con otras procedencias: Latinoamérica, de forma prioritaria, y Asia. El segundo foco de emigración es la vieja Europa, la Unión Europea de los 25, que primero tuvo inmigrantes de la propia Europa y que ahora tiene una inmigración de Europa del Este cada día más significativa. Luego hay focos menores en el continente asiático, en el medio oriente y, por supuesto, en Australia”.
En cuanto a las leyes de inmigración dice: “Hay que buscar el procedimiento para que los inmigrantes que lleguen lo hagan de forma regular. Es decir, no se puede practicar hoy en día una política completamente de puertas abiertas porque resulta económicamente inadecuado y socialmente complicado. Hay que procurar que la migración que llegue a un país sea regular. En segundo lugar, las leyes tienen que contribuir después a una progresiva integración de esas personas en los territorios de acogida. Los límites de la integración tienen que ser por arriba: darles a los inmigrantes que sean legales los mismos derechos que a los ciudadanos de ese país, y por abajo: hay que buscar un límite en la aceptación por parte de los colectivos de inmigrantes de las leyes básicas que rigen la vida social de ese país de acogida. Me refiero en particular a la Constitución. Los inmigrantes en EEUU o en otro país europeo tienen que entrar prioritariamente de forma legal y además tienen que verse favorecidos por unas disposiciones que permitan a aquellos que quieran su progresiva integración”.
Las leyes de temporalidad casi nunca dan buenos resultados, asegura Puyol. “Hay que dejar al libre juego de las fuerzas del mercado el deseo de permanencia o de vuelta al país de origen de las personas que se instalan en un país de acogida. Además, hay que favorecer la inmigración legal mediante disposiciones con los países de salida que ayuden a los inmigrantes que salen de allí lleguen al destino a través de los canales regulares establecidos”. “Por tanto, hay que defender una política que defienda la inmigración legal y que sea lo suficientemente generosa para que sea migración llegue en unas condiciones favorables y haya paralelamente una política de integración generosa de esas personas. Esas leyes de carácter general no deben de tener excepciones especiales, deben de ser leyes aceptadas por todos los grandes países de acogida”.
Finalmente, Puyol establece una distinción entre el mundo europeo y el americano. “Este último tiene una demografía mejor que el mundo europeo. En el mundo americano las migraciones llegan por razones eminentemente laborales. En el caso de los países europeos, a los factores económicos hay que añadirles un cierto factor demográfico. La demografía en los países de la Unión Europea está bajo mínimos. Las tasas de fecundidad son mucho más reducidas que las tasas de fecundidad de EEUU y las tasas de envejecimiento son mucho más intensas que en EEUU. Aquí vamos a necesitar más inmigrantes porque si no nuestro mercado laboral no va a poder funcionar y el futuro del pago de las pensiones y de los gastos sociales de las personas ya jubiladas no va a resultar posible. Por tanto, En EEUU hay un factor eminentemente económico que favorece la inmigración y aquí, en Europa, hay una base demográfica para explicar que nuestro mercado de trabajo va a necesitar mucha más mano de obra y que en el futuro la inmigración va a ser más numerosa en el futuro que en el presente. Quizás esa es una diferencia que hay que tener presente, la doble situación que tienen EEUU por un lado y la vieja Europa por el otro”.
Publicado el: 6/14/06
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