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Felicitaciones y agradecimiento
Amalia Hoya
Este verano ha sido muy intenso, y no me estoy refiriendo a diversiones exactamente, sino a distintos viajes, a pasar el tiempo con la familia y las nietas y a supervisar obras que nunca acaban. Comoquiera que sea, lo cierto es que no he tenido tiempo para nada y mucho menos para escribir, que es lo que más me gusta.
Por eso llego tarde para felicitar a la revista Béjar Biz en su 20 aniversario, un récord en tiempos donde todo resulta efímero; deseo que dure al menos otro tanto. Pero como todos los aniversarios tienen su novenario, no quiero que acabe agosto sin dar las gracias a Antolín Velasco, una persona generosa que, además de admitirme como colaboradora en la revista sin credenciales que me avalen, consiente que envíe artículos sin imponer fecha ni tema determinado. Él acepta desde un breve relato, a la biografía de fotógrafos famosos, crítica cinematográfica o artículos de opinión, sin censura ni imposición alguna por su parte. Y hoy día, donde la línea política y las modas impuestas campan a sus anchas en cualquier medio de difusión, ya sea prensa, revistas, magazines virtuales y televisión, agradezco mucho tanta generosidad.
Me gustaba la profesión de periodista, cuando era joven, incluso fantaseé con ser fotógrafo de prensa. Entonces estaba convencida de que los periodistas eran profesionales libres que se limitaban a observar, a investigar y a informar de cuánto veían sin dejarse arrastrar por su propia ideología, que sin duda tenían. Era y es evidente que en las revistas y periódicos resulta más difícil ser neutral, porque en ellos siempre han escrito los que comparten las ideas políticas de la dirección, lo que sigue siendo igual.
Sin embargo, me parecía que en televisión se notaba menos. Recuerdo programas televisivos memorables liderados por grandes profesionales como José Luis Balbín, por poner solo un ejemplo, capaces de dejar hablar a sus invitados sin interrumpirles ni explicarle al espectador lo que en realidad querían decir. Tampoco intervenían a cada instante para dar su opinión, redirigir el debate hacia sesgos de ideologías impuestas y mucho menos se atrevían a cortar con brusquedad al que hablaba con el pretexto de la publicidad, que siempre parece coincidir cuando no gusta el cariz que toma la disertación. Supongo que los presentadores escogerán a los participantes de acuerdo con la cadena televisiva, pero me parecía que antes apenas les interrumpían y se limitaban a moderar solo si el debate subía de tono. Viejos tiempos. Ahora no es así.
Siento vergüenza ajena y un desinterés absoluto al presenciar programas donde los asistentes se comportan como vocingleros, se faltan el respeto, se quitan la palabra unos a otros y se unen a la odiosa moda de “tú más”; mientras el periodista que debería moderar no solo no lo hace, sino que se permite el lujo de dejar clara su opinión como si fuera un invitado más, o desvía el tema siguiendo las normas impuestas.
Vivimos tiempos en los que algunas personas, que suponemos educadas y deberían dar ejemplo, descalifican a gritos al que no comparte sus ideas o pensamientos y prefieren elevar la voz o hablar al mismo tiempo que el contrincante para no escuchar lo que dice; al parecer no son capaces de usar el arte de la argumentación y de la conversación que, evidentemente, no dominan. Por tanto, es de agradecer la flexibilidad que permite opinar y manifestar lo que piensas sin censuras, imposiciones ni etiquetas. Mil gracias.
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Bueno, todavía queda algún espacio televisivo que recuerda en sus buenas formas al de Balbín y ofrecido también desde la tele pública. Me refiero a "La Noche en 24 horas", en el canal 24 horas de RTVE, moderado de lunes a jueves por Xabier Fortes al filo de la medianoche: pluralidad de invitados, ritmo sosegado, sin guirigay tertuliano, sin interrupciones por publicidad y con algo de retranca.
José Muñoz Domínguez
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