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Es lo que hay 12: ¡Zilef Dadivan y próspero año nuevo!
Desde que se ha aplacado la enésima trifulca suscitada por un último artículo mío en esta serie, llevo meditando la forma de seguir adelante sin que haya tanto revuelo verbal en torno a lo que para mí son humildes artículos que no buscan tanta polémica, solo decir lo que pienso sobre lo que se cuece en este tiempo; eso sí, creo que con respeto, sin bocanadas de nada, sin dogmatismos y sin creerme descubridor de verdades absolutas. Quizá, para evitar polémicas, tendría que escribir de Arqueología, que es mi profesión, aunque visto lo visto, incluso tengo mis dudas de que en eso tampoco aflorara la cordialidad. Es que en estos tiempos revueltos hay quien está tan al acecho de todo, que no hay manera de acertar, hasta el Neolítico se politiza.
Decía que, aplacado lo último, llevo meditando cómo escribir algo que no suscite polémica, descalificaciones y excesos verbales escudados en la libertad de expresión, que puede utilizarse como un comodín para ampararlo todo. Y como una nueva Navidad está ya aquí, se me ocurrió que bien pudiera ser escribir sobre eso. La verdad es que tampoco estoy seguro de que, si escribiera un artículo de esos dulces que llaman a la paz, a “la magia de la Navidad”, a la concordia, al optimismo y a todas esas cosas bonitas incluidas en el relato tradicional de la Navidad, fuera a ser ecuánime. De escribirlo -pensé mejor- no hablaría del hijo de Dios que ha nacido en Belén, ni de esos hechos literarios tan bonitas de leer, pero sin aplicación a la vida práctica de hoy. Simplemente les iba a felicitar la Navidad y a desearles un buen año 2026, esto último al menos en lo particular, porque en lo general lo tenemos más crudo, aunque se puede desear que todo mejore por lo menos un poco.
Cuando por fin lo había empezado a escribir, después de desechar las posibilidades que he dicho, me he dado cuenta de algo que vengo observando desde no hace mucho tiempo: no todo el mundo acepta ya la Navidad con ese nombre, y diré más: poco menos que se pueden herir sensibilidades deseando Feliz Navidad. De pronto, como en tantas otras cosas (y las que quedarán por revisar), está resultando que la Navidad es una fiesta de raíz cristiana embaucadora, alienante y opresora a lo largo de la Historia, muy poco republicana, porque aparecen reyes y supongo que heteropatriarcal, porque ¡de qué tenía que ser un niño y no una niña el que nació en Belén! Hasta que no hemos empezado a “reflexionar” sus cosas, en el marco de las reflexiones generales de casi todo propias de nuestro despertar a la razón única, no nos hemos dado cuenta del daño. Menos mal que ha llegado el tiempo de limpieza de conceptos.
Encontrándome con la posibilidad seguir felicitando a lo tradicional, simplemente por no apartarme de la tradición a mi edad, estoy con la duda de hacerlo y que alguien no desee ser felicitado por ello, aunque a lo mejor la noche del 24 celebre en familia como todo el mundo, no vaya a ser que se monte también el cristo por esto, cuando lo que busco solo es un poco tregua dialéctica en fechas tan pacíficas. Las otras opciones serían mandar un ¡Feliz solsticio de invierno!, aludir a Papa Noel, que es más republicano apartando a los Reyes Magos o simplemente, felicitar solo el año nuevo, dejando a un lado la palabra Navidad. Al hilo de esto les diré que desde hace algunos años recibo por esta época algunas felicitaciones así, sin que la palabra Navidad aparezca para nada. Los más guais de mis conocidos se van a lo del solsticio de invierno y si les preguntas por tal cosa, acaban diciendo que es que el cristianismo se apropió de las Saturnales romanas que celebraban el solsticio en esa fecha y por tanto, que, así las cosas, no hay derecho a continuar alimentando la intolerable suplantación. (¿Quizá el cristianismo deba pedir perdón a la paganidad? Ahí tenemos un debate). Yo, en estos casos, amparado en la libertad de expresión que tan bien suena, les deseo a mis conocidos una feliz Navidad y un próspero año nuevo. Muchos de ellos, si no me habían felicitado el solsticio de invierno, no contestan ni dicen nada hasta que no se acerca el cambio de año o ha empezado ya y entonces me lo felicitan a secas. De momento así ha ido quedando, pero sé que por lo bajo hay un poco de run-run conmigo, como si les estuviera provocando con esa palabra de toda la vida que es la Navidad.
Este año, con la cosa social más encendida todavía, es cuando no me atrevo a dar el paso al frente, para no tentar las exaltaciones. Si ya se ha ido liando parda con algunos artículos, como por ejemplo el último sobre el 20N, felicitar ahora las fiestas a lo tradicional puede ser la gota que colme el vaso. ¿Pero qué puedo hacer si tengo ganas de desearles a ustedes, a todos, partidarios y detractores, una feliz Navidad y un 2026 con más paz, más concordia, más tolerancia, más calma, menos dogmatismos y más respetuoso con las ideas de los demás? A mí me gusta la Navidad, lo llamen como lo llamen. Es un tiempo de moderada alegría en la tristeza íntima del invierno, me trae recuerdos inolvidables de las distintas fases de mi vida, sobre todo de las vivencias infantiles y juveniles en Valdesangil, significa el reencuentro con gente que quiero mucho, en la familia y en los bares, el recuerdo también de los que no están, pero estuvieron y buena comida. Eso para mí se llama Navidad. Me costaría deprenderme de esa palabra que lo significa. Pero como esto puede “herir” a gente y después provocar comentarios que no son propios de las esencias de estos días, lo único que se me ocurre, como cosa de consenso, es decirlo al revés: ZILEF DADIVAN, quizá así, sin leer lo de siempre, no se produzca en la mente de los detractores de la Navidad la reacción de rechazo, pero, a los que les gusta, sientan mi sincero deseo. (Pásenlo bien, no discutan de política cenando, si el cuñado de rigor tiene la solución de todo, déjenle que hable hasta que se canse y se le enfríe la cena, seguramente que con el silencio general entenderá el mensaje, no volverá a intentarlo y se tendrá más cuidado. Coman, beban, échenle la mano por el hombro a los más mayores, enseñen a los niños a disfrutar de estas sutilezas de la vida y a ver si el año que viene nos trae paz y alguna buena noticia…).
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Querido amigo,como no podía ser de otra manera,me encanta tu divertida y puntiaguda reflexión sobre la Navidad, la Feliz Navidad típica de esta piel de toro,nuestra tradición.
No he podido evitar una sonora carcajada al leer esas dos entrañables palabras escritas al revés, jajajajaja...
Gracias por hacerme reír y sonreír y soñar en unos días mas llenos de paz, al menos así los deseo para todo este bonito planeta que nos sostiene!!
Gracias y Feliz Navidad querido!! Y ya nos felicitaremos lo que sigue.
María Jesús, tu amiga del Sur. Un abrazo navideño.
Frohe Veihnachten y Feliz Navidad a todos (incluidos aquellos cenutrios que reniegan de ellas).
Gracias por el artículo. FELIZ NAVIDAD.
¡FELIZ NAVIDAD! Para todos y también para ti.
Me encanta poderte leer. Muchas gracias por tus artículos y que el próximo año nos permitas seguir disfrutando de ellos.
Me ha alegrado usted la Navidad con el artículo Zilef Dadivan, me trae recuerdos de mi niñez. Gracias
Amigo Fabián, me alegra saber que aún pasado tanto y tanto tiempo, sigues siendo el de siempre. Feliz Navidad y no dejes de alegrarnos con tus artículos. Aún recuerdo aquellos tan traviesos y ya tan lejanos que escribías en los setenta en El Criticón del insti. Los guardo.Un abrazo fuerte desde Madrid.
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