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El PGOU y las zonas verdes
La ciudad que diseña el nuevo PGOU se extiende como una mancha en todas direcciones, a mayor gloria sobre todo del negocio del ladrillo y del hormigón. Además de recalificar, ocupar y destruir suelo sobre el que antes se levantaban interesantes ejemplos de arquitectura industrial (véanse los convenios de la Thesa , “El Tinte del duque” o el “pelotazo Cejuela”), entra a degüello también con las zonas verdes privadas (zonas arboladas, cultivos, etc).
Se plantea, por ejemplo, urbanizar el Valle de las Huertas comprendido entre la travesía de Santa Ana y el Paseo de la Estación (también conocido como valle del Arroyo de Gibraherrero o de San Nicolás), con un enorme interés paisajístico y arqueológico, y no precisamente con adosados o viviendas unifamiliares, sino con bloques de 4 y 5 alturas; del mismo modo se ha iniciado la urbanización de El Castañar y no podemos olvidarnos de la joya de la corona, “El rincón de la condesa”. Dado que la población no crece, sino que por el contrario sigue bajando, se supone que todas esas viviendas serán ocupadas por turistas ansiosos de verde, que acudirán en manadas al reclamo de la estación de esquí. En definitiva, el negocio como siempre será para los constructores y los promotores inmobiliarios, insaciables en su apetito devorador de suelo; pero luego, todas las infraestructuras necesarias (alumbrado, abastecimiento de aguas, alcantarillado y depuración, etc) deberán ser conservadas y mantenidas por el ayuntamiento. Sin comentarios.
Como efectos colaterales de este desastre urbanístico resultan afectados los parques y jardines, que directamente son eliminados y transformados en plazas duras, con mucho granito, farolas cuanto más rococós mejor y algún aligustre de bola recortado al estilo chupachups. No contento con ello, el alcalde, en una de sus iluminadas reflexiones dice que quiere convertir el Regajo en una pradera.
A pesar de que determinadas actuaciones, muy dañinas, muy impactantes, se disfracen como de creación de nuevas zonas verdes, (en el caso de la isla de la aliseda), o de adecuación o mejora, (en el caso de “El Regajo”), si por algo se ha caracterizado la concejalía de urbanismo es por su escasa sensibilidad ambiental y por sus ansias arboricidas. Baste recordar la desaparición de los jardines de la plaza mayor y de los árboles de la explanada superior, el desmoche (por no hablar directamente de mutilación) de los castaños de indias del paseo de la Fabril , las cortas de árboles en los jardines del barrio de los Praos, o las podas que año tras año se realizan en los árboles del Murallón o en el Parque municipal.
La poda es un arte, y en estas latitudes esta muy extendida la idea de que la mejor forma de rejuvenecer un árbol adulto es desmochándolo. Aquí se tratan los árboles como si fueran farolas, que ni sienten, ni padecen y que lo único que precisan de vez en cuando es un cambio de lámpara. La mayoría de nuestros jardineros manejan la motosierra con mucha alegría y la poda se resume en cortar el árbol a la altura a la que alcanza la escalera.
Los árboles no tienen ninguna necesidad de ser podados y así lo han demostrado durante millones de años de evolución. No obstante, no se poda del mismo modo un frutal, que una especie ornamental; un fresno, que un castaño de indias; un aligustre que un ciprés de Lawson. En general podemos decir que una poda bien hecha apenas debe notarse; que una herida de mas de diez centímetros es una entrada segura para infecciones y pudriciones; que los cortes en ramas verticales deben hacerse siempre en bisel; cuando cortemos una rama lo haremos a nivel del tronco o de otra rama (dejando un tocón de más o menos un centímetro); cuando queramos acortar una rama la cortaremos un centímetro por encima de una yema que garantice su posterior crecimiento y que todas las ramas cortadas por sanidad, atacadas por una paga o una enfermedad, se quemarán rápidamente ( Labajos, Luciano. “Manual de jardinería ecológica”). Por último es importante recordar que para cada fin, ya sea como especie ornamental, frutal, o forestal, existen técnicas de poda específicas.
Me preocupa enormemente el futuro de “El Regajo”. En los últimos años se han venido realizando cortas, empleando siempre la misma excusa de que se trataba de árboles enfermos (lo que se ha demostrado falso en la mayoría de las ocasiones). Parece que en esta ocasión, manifestando una alarma a todas luces infundada, la concejalía de urbanismo se plantea acabar con la mayoría de los álamos, bajo el pretexto de que son muy grandes y que suponen un peligro enorme por la caida de ramas. Todo ello se adorna y se edulcora diciendo que se van a plantar nuevos árboles (estoy convencido que serán catalpas y aligustres, porque la imaginación de estos personajes no da para más) y que se construirán nuevos paseos y muchos merenderos. Evidentemente la corta de “El Regajo” sólo se puede calificar de ”gamberrada” (como lo es siempre la corta o el desmoche de un árbol adulto en una ciudad). No hay justificación que valga. Un árbol adulto no tiene el mismo valor ecológico, sociocultural e incluso económico, ni se puede pretender reemplazar, por un arbolito recién salido de un vivero. Tardará años en dar sombra, en proporcionar cobijo a la fauna, en amortiguar el ruido, proteger el suelo o depurar el aire. Si el problema es que en días de vendaval se pueden caer ramas, deberían plantearse el prohibir el uso de tejas (que pueden salir volando) o de macetas (que también caen con mucha facilidad); si de lo que se trata es de aligerar de peso y reducir el riesgo que siempre existe de que caigan ramas, hay empresas especializadas en la poda en altura, pero realizando una poda respetuosa, que no mutile el árbol. “El Regajo” es y debe seguir siendo una chopera fresca y umbría, que nos alivia del calor durante el estío.
RegajoCon el futuro parque de la “Isla de la aliseda”, manifiesto una intranquilidad semejante, porque de los croquis y dibujos sobre el proyecto que he podido ver publicados se deduce el poco respeto que sentimos por los árboles de ribera; los enormes y preciosos alisos y álamos, sauces y fresnos, serán cortados y reemplazados por arbolitos pequeños y manejables, bien podaditos para que no sobresalga ni una rama. Es conveniente además hacer otras dos consideraciones: una recordar que las formaciones de aliso están protegidas por la Directiva de Hábitats de la UE y otra que el convenio que se ha firmado para hacerse con la isla es de juzgado de guardia (y preveo que alguien con más experiencia que yo en estos asuntos hablará más pronto que tarde de este tema).
Reivindico el papel ecológico y la función social que desempeña en una ciudad un árbol adulto y el derecho a un tratamiento respetuoso que destierre las mutilaciones.
Antolín Redondo (Biólogo)
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