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Editorial nº406: Urge proteger el Patrimonio industrial de Béjar
La Fábrica de García Cascón Recientemente asistí a una conferencia de Juan Antonio Frías, que sobre postales antiguas recopiladas por Antonio Sánchez, hizo un recorrido por lo que fuera el patrimonio industrial a lo largo de los años
La sensación que tuve fue agridulce, pues saqué en conclusión que el patrimonio había sido muy importante, que aún lo es, pero que dada la situación de la ciudad estaba condenado a desaparecer.
Uno de los edificios más importantes que ha desaparecido, si no el más, ha sido el Tinte del Duque.
Esta instalación fue inaugurada en 1592 y era hasta su alevosa destrucción, hecha con nocturnidad y alevosía en 2001, la instalación industrial que había mantenido su actividad, más antigua de España tras las Casa de la moneda de Segovia. Solo por eso, su principal responsable Alejo Riñones, merece arder eternamente en el infierno, si es que existe.
A lo que vamos.
Le he pedido a José Muñoz que me recuerde cuál es la situación respecto a la protección del Patrimonio industrial y me dice lo siguiente:
“En 2003 Carmen León Pérez hizo un inventario que se incluyó en el Plan Nacional de Patrimonio Industrial, elaborado por el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE, entonces IPHE) para el Ministerio de Cultura. En 2004, el Grupo Cultural San Gil presentó una solicitud para lograr la Ampliación del recinto protegido en el Bien de Interés Cultural-Conjunto Histórico de Béjar (1974) para abarcar las riberas del río Cuerpo de Hombre desde la fábrica de Navahonda hasta la de Gómez-Rodulfo, ambas incluidas. Como respuesta a esa solicitud, en algún momento se valoró, por parte de la Administración regional, la posibilidad de proteger el Patrimonio Industrial bejarano del Puente de San Albín para abajo, pero no se materializó en ninguna incoación de expediente.
Transcurridos más de 20 años el deterioro es enorme. Como ejemplo basta ver la creciente destrucción del tejado de la fábrica de García Cascón, actualmente propiedad de Cejuela y todo el mundo sabe que cuando se cae el tejado, no tarda mucho en caer el resto del edificio.
Por ahora, la única y tibia protección para ese patrimonio es lo que se recoge en las fichas del Catálogo de edificaciones de interés asociado al PGOU vigente (creo que desde 2016), donde constan algunas fábricas con un nivel de protección manifiestamente mejorable y, desde luego, no como el notabilísimo conjunto patrimonial de toda una cuenca fabril (lo correcto sería declarar ese patrimonio ribereño como BIC-Conjunto Histórico independiente o asociarlo al ya declarado de Béjar, como pedía San Gil).”
No es el primer editorial que escribo sobre este tema, ya en 2007 le dediqué al asunto el Editorial nº30, sin demasiado éxito por lo que se ve.
Transcurridos más de 20 años el deterioro es enorme. Como ejemplo basta ver la creciente destrucción del tejado de la fábrica de García Cascón, actualmente propiedad de Cejuela y todo el mundo sabe que cuando se cae el tejado, no tarda mucho en caer el resto del edificio.
Hay algunos ejemplos relativamente recientes de reutilización de ese patrimonio, como el de la fábrica de Gosálvez o la de Gómez Rodulfo , realizadas con mayor o menor acierto. Según nos contó Juan Antonio Frías esa reutilización se ha hecho a lo largo de los siglos, pero ahora mismo no hay en la ciudad la suficiente vitalidad para que ese patrimonio se pueda seguir usando, urge por lo tanto protegerlo.
Desde estas líneas emplazo a nuestro paisano, actualmente Consejero de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de CyL, Gonzalo Santonja, que es la autoridad competente y responsable del asunto, a que tome cartas en el tema y haga algo al respecto.
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El valor histórico y patrimonial del conjunto de edificios industriales de Béjar, tanto urbanos como ribereños, está perfectamente demostrado en numerosos artículos, tesis doctorales y otros estudios, y coincide con el parecer de los expertos a los que he podido escuchar en diferentes congresos sobre el tema, como los del TICCIH e INCUNA (se duelen de su lamentable estado y de la ausencia de protección), pero de forma específica consta en el Inventario de 2003 realizado por Carmen León y Joaquín Pérez para el IPHE (IPCE) / Ministerio de Cultura, con la máxima valoración para la inmensa mayoría de inmuebles e instalaciones asociadas (canales, pesqueras, presas, puentes, etc.). Era parte de la documentación del Plan Nacional de Patrimonio Industrial elaborado por dicho organismo, pero las competencias para declarar BIC ese conjunto patrimonial no son estatales, sino autonómicas (como el tema de la prevención de los incendios, qué casualidad). Ninguno de los consejeros de Cultura de Castilla y León, o subalternos como los diferentes directores generales de Patrimonio Cultural de esa misma Consejería, han mostrado el más mínimo interés por proteger el patrimonio industrial de Béjar como se merece, y ello a pesar de varias solicitudes expresas presentadas desde el Grupo Cultural San Gil, siempre argumentadas y acompañadas de documentación y de amplios anexos ilustrados. Tampoco hicieron caso del acuerdo del TCCIH España, de 2005, sobre "Instar a la defensa, mantenimiento y puesta en valor del complejo de Riópar en Albacete por su alto valor patrimonial, así como el conjunto industrial textil de Béjar en Salamanca amenazados por el olvido, incuria o dejación de responsabilidad en su protección por las autoridades competentes" (TICCIH corresponde a las siglas en inglés del The International Committee For The Conservation Of The Industrial Heritage, la organización internacional de mayor importancia en la defensa de este tipo de Patrimonio).
Uno de los momentos más vergonzosos de este proceso de degradación, dejación y ausencia de protección efectiva tiene que ver con el Tinte del Duque (por cierto, no era el primero, sino el segundo bien industrial más antiguo de España por detrás de la Casa de la Moneda de Segovia), cuya protección se estaba discutiendo en las Cortes Regionales de Castilla y León en los mismos días en que las máquinas lo derribaban para siempre: la destrucción preventiva como respuesta. En esta ciudad parece que sólo prevalecen los intereses especuladores de ciertos personajes, pero nunca los derechos colectivos de la ciudadanía a la Cultura y al Patrimonio.
En contra de lo que pueda parecer, el patrimonio industrial atrae cada año a numerosos visitantes, y así lo pudimos comprobar en la primavera de 2019, cuando desde la Asociación del Museo de la Ciencia y la Técnica y de Arqueología Industrial de Cataluña (AMCTAIC) encargaron al Grupo Cultural San Gil organizar una visita de varios días a Béjar para unas 50 personas de todas las edades, o en otras ocasiones con grupos o asociaciones más cercanas de Ávila o Salamanca.
En cuanto a la respuesta del actual consejero de Cultura a la necesaria protección de nuestro patrimonio industrial como BIC, prefiero no pronunciarme, no me vaya a entrar la risa.
José Muñoz Domínguez
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