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La Cometa 50: La hora bruja en Baltasar Romero
Acuarela de Paula AlmonacidAmalia Hoya
Relato de Amalia Hoya que ilustró la acuarela que Paula Almonacid hizo de la
tienda de Baltasar Romero, expuesta recientemente en el Casino Obrero de Béjar.
Me gusta la hora bruja. Da igual que sean las doce del mediodía o de la noche porque, en ese momento, suceden hechos extraños carentes de lógica y de explicación; sobre todo cuando sopla el viento del norte y el reloj de San Gil da las campanadas. Acompasado por su sonido, un aire misterioso me impulsa con suavidad y, en el ir y venir, descubro entre la tela de mis pliegues imágenes del pasado ocultas para los ojos humanos.
A mediodía, se oye con claridad el sonido de los cascos de la mula sobre los adoquines; anuncia la llegada de la señora Andrea, la de Sorihuela, o quizá sea la señora Cristina, dos tenderas que compran al por mayor los productos que luego revenden en la comarca. Tal vez vienen a escoger las piezas de lino y algodón que se usarán en la confección de los ajuares. Y, además, se lleven en las alforjas la seda del vestido de la novia y el tul que adornará su tocado o, incluso, el tafetán o el crepé del traje de la madrina.
Si la festividad del Corpus se acerca, será el viento del oeste el que traerá a las mamás; vienen a elegir los trajes de comunión de sus hijos, sin olvidar camisas y corbatas para padres y abuelos. Seguro que les encantará la nueva viscosa de primavera que acabamos de recibir; lucirá impecable en el nuevo vestido.
Cuando la tienda cierra, el viento cesa y los pliegues de mi tela languidecen. Por suerte, doña María Luisa me ha colocado en el escaparate, ya que soy la novedad que ofertan, y así podré observar el disco iluminado del reloj de San Gil, a la espera de que sean las doce de la noche. Ya con la primera campanada, la escalera del museo que tenemos enfrente sucumbirá a la magia y La bañista de Mateo Hernández se sumergirá en los escalones que el hechizo ha convertido en alberca, mientras la foca que la acompaña aplaude con entusiasmo.
Debo aprovechar el instante, porque hoy Víctor hablaba con Nicolás y me he enterado de que, dada mi prestancia y calidad, me han elegido para cubrir los ventanales del nuevo hotel de la Covatilla. A lo mejor allí también hay un reloj y, cuando de las campanadas, veré caer la nieve coronando la cima de la sierra, augurando para Béjar y la tienda lo que afirma el viejo refrán: «Año de nieves, año de bienes».
Agosto 2026
- Sí...vale, pero yo no tengo
hace 19 horas 28 mins - Qué de Ceuta sabemos poco?
hace 2 días 12 horas - Ni está ni se le espera...
hace 3 días 10 mins - De Ceuta sabemos poco, pero
hace 4 días 17 horas - No veo nada en el artículo
hace 5 días 34 mins - De Ceuta no habéis escrito
hace 6 días 11 horas - En lo del mantel no había
hace 1 semana 1 día - Gracias por tu aportación,
hace 1 semana 1 día - Tú lo has dicho si para
hace 2 semanas 2 horas - Llevo toda la vida
hace 2 semanas 8 horas




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