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La cometa 48: El elefante todavía sigue ahí
Amalia Hoya
Hoy día el mundo entero vive con preocupación las rabietas insufribles de un oso grande y feo, de morro enfurruñado y cara de color naranja; a lo mejor sufre de carotenemia porque se alimenta de calabazas y zanahorias, o puede que se pase con los rayos UVA, o tal vez podría ser el efecto de la quimioterapia. Esta última teoría me gusta más, ya que indicaría un tumor cerebral que, hasta cierto punto, justificaría los bailecitos ridículos, los gestos histriónicos de niño malcriado y la insufrible incontinencia verbal que le obliga a faltar el respeto a sus interlocutores y a comportarse con la torpeza de un elefante en una cacharrería. Pero de manera especial explicaría la locura de sus decisiones y la forma incongruente de expresarse, diciendo una cosa y la contraria al mismo tiempo. Sea lo que sea lo que le pase, le obliga a ponerse el pelo a juego; no sé si para despistar unificando el color o es la coquetería de un anciano que, bordeando la senectud, desea ocultar sus canas. Da igual que sea un esperpento; lo peor es que es rico, muy rico y, por desgracia, jamás le enseñaron respeto, modales, educación, dignidad y empatía, sino únicamente que el dinero puede comprarlo todo y a todos.
Tampoco me extraña que el peculiar personaje reciba el voto de muchísimas personas, eso suponiendo que el dinero no haya intervenido en dichas votaciones. Salvo en las franjas costeras, donde se encuentran las grandes ciudades cosmopolitas y abiertas a cualquier tipo de influencias, la población de los estados centrales de ese país se dedica a la agricultura, ganadería, industria y manufactura de productos. Por lo que, exceptuando las capitales de cada estado y alguna otra ciudad, la mayoría residen en pequeños o medianos núcleos que permanecen anclados en las glorias del pasado (America First) y ajenos al resto del mundo; primero porque no les importa y también porque suelen escuchar solo las noticias de sus cadenas televisivas y a los telepredicadores, y cuya única diversión consiste en ir al centro comercial, hacer barbacoas con los vecinos o beber en los bares. Muchos de estos trabajadores serían incapaces de situar en un mapa otros lugares del planeta, puesto que en la escuela les enseñaron lo justo para encontrar un empleo; eso suponiendo que trabajen porque, si no lo hacen, aún será más fácil convencerles de que la culpa de su fracaso la tiene el extranjero y no su propia incapacidad. Ya se sabe que la ignorancia, el fracaso personal, el odio al rival y a las diferencias nutren las urnas. El resto del país, sin contar a vagabundos y desheredados que abundan por miles, lo componen tecnócratas superespecializados, muy eficientes sin duda en sus profesiones, pero que desprecian lo que no les afecta ni les es útil para medrar y satisfacer el ansia de triunfar, aunque sea a costa de los demás. Este deseo sí lo inculcan en las escuelas.
En la consulta de un experto psiquiatra, el oso torpe y maleducado sería el prototipo perfecto para estudiar la conducta que produce una infancia sin amor, pero en la que han satisfecho cualquier capricho que pueda proporcionar el dinero. Nada más hay que fijarse en el séquito servil que, situado siempre a un lado o a su espalda, corrobora cualquier idea disparatada que se le ocurra al reyezuelo; nadie osaría hacerle ver que se equivoca ni llevarle la contraria. Y, si hay alguien que lo hace, brama como un toro enfurecido o como un niño en plena rabieta y amenaza con toda suerte de desgracias al que se opone. Es evidente que está acostumbrado a comprarlo todo, incluidas las mujeres; dudo de que haya alguna que sea tan sufrida y capaz de amar a semejante espécimen. Si no fuera un loco peligroso, daría pena. Claro que los psicópatas carecen de empatía y, por tanto, el amor y el odio ajeno les trae sin cuidado.
A pesar de lo dicho, mi verdadera preocupación es otra. Siempre me he sentido orgullosa de pertenecer a un continente repleto de historia, cultura, arte maravilloso y valores humanos: dignidad, respeto, educación, normas, mejoras sociales, conocimiento, etc. Y, de repente, me aterra escuchar que ha llegado la hora de subvertir los valores que tanto nos han costado conseguir y vivir sin orden ni reglas, puesto que el momento actual parece que es distinto. Cierto que esto lo ha dicho una persona que procede de un país que, supongo, todavía se siente culpable de masacrar a los que ahora masacran tanto o mucho más; prefiero no pensar que el dinero hable por su boca. Por fortuna, a esta persona se le ha encendido la luz, o bien, personas responsables le han dado un toquecito porque ayer ha recogido velas.
Tuve la suerte de vivir en un hogar donde había normas de convivencia, respeto y orden, algo que me hacía sentir a salvo, segura, protegida, aunque algunas veces la juventud me incitara a rebelarme. A estas alturas de mi vida, lo que más deseo es que el continente que habito mantenga su fortaleza, sus principios, que sea coherente, que no se arrodille ante la barbarie, que defienda la paz mundial y la convivencia entre países y ciudadanos. No quiero que el mundo se convierta en un caos donde impere la ley del dinero y del más fuerte. La avaricia de los poderosos no tiene límite, y han encontrado en la tecnología, las redes sociales y la IA las herramientas perfectas para manipular a los crédulos y a los ignorantes para así incrementar sus ganancias con una codicia que produce náuseas. Mientras, los parias del mundo mueren de hambre o les sirven de carnaza para alimentar sus guerras.
Madrid, 11 de marzo de 2026
- Vaya tonteria que acabas de
hace 4 horas 40 mins - Yo creo que el comentario
hace 17 horas 30 mins - No se me ocurren muchas
hace 17 horas 35 mins - A los fascistas de aquí les
hace 18 horas 3 mins - Tus argumentos son
hace 18 horas 10 mins - Te dice algo la palabra
hace 20 horas 1 min - Cuánto discípulo de
hace 1 día 6 horas - Estos personajes votan a un
hace 2 días 4 horas - Pocas cosas hay que no sepa
hace 3 días 15 horas - Qué oportunistas sois! Lo
hace 4 días 41 segs




Gracias por tan interesante artículo. Siempre gusta encontrar en otros las palabras que uno quiere decir y no encuentra.
Roberto Bueno
Muy acertado y muy bien expresado, Amalia. Tan sólo echo en falta mostrar lo que está detrás del fantoche caracheto. Es un idiota de manual, y probablemente también un imbécil en busca de diagnóstico, pero precisamente por eso se ha convertido en el tonto útil de quienes manejan el cotarro desde el poderoso sector petrolífero. Ningún otro presidente de esa democracia antigua y fallida que ellos llaman América (apropiándose de todo un continente con la impudicia de quienes se creen superiores) había sido tan dócil y tan descaradamente atrevido para anteponer los intereses económicos de una casta de desalmados neocapitalistas o del ridículo sionismo fascista de Israel. Hacía falta un idiota tamaño elefante XXL como este ser infecto, más bien dinosaurio caduco y tan fósil como su petróleo ("drill, baby, drill", grita a menudo el fantoche) para hacer posibles los sueños húmedos de tanto malnacido con despacho.
En cuanto a la permanencia de la "vecchia Europa" y sus valores, bastaría con cinco o seis cositas: reducir nuestro consumo a niveles razonables, reducir al máximo nuestra dependencia del petróleo multiplicando la producción de energía limpia, plantar cara al caracheto y sus ventrílocuos, plantar cara al fascismo sionista, putinista, trumpista y carpetovetónico, defender sin complejos el orden internacional basado en reglas frente al desorden y la imposición actuales (pretenden que esta falsa ley de la selva sea el nuevo orden mundial, pero es el viejo y rancio orden de los de siempre), dejarnos contaminar por la cultura de quienes llegan hasta aquí buscando una vida mejor (y viceversa), reducir el trato comercial con dictaduras de cualquier especie y apoyar el progreso de países en vías de desarrollo. Europa es el futuro, pero hay que tener valor para defenderla.
José Muñoz Domínguez
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