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El cazador cazado.
BermejoLa dimisión presentada hace dos días, por el hasta ese momento Ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, aceptada por el Presidente y rápidamente sustituido por Francisco Caamaño, Secretario de Estado para Asuntos Constitucionales, no ha sido solamente la noticia política de la semana, sino que ha puesto en evidencia importantes connotaciones políticas, democráticas y de gestión de los intereses públicos, más allá del estricto ámbito de la Justicia, donde se ha realizado el relevo.
Bermejo, que en mi opinión debería también haber dejado de ser diputado por esta tierra, Murcia, a la que no le une nada y donde vino como “cunero”, debido a esa discutible práctica de que todos los futuros ministros sean además miembros fijos del Congreso, llegó a la política desde la carrera fiscal, con una inequívoca etiqueta de izquierdista, después de haber mantenido enfrentamientos con el que fuera ministro del ramo en el último gobierno del PP, Michavila, que lo represalió sin contemplaciones.
Desde el primer momento que empezó su actividad al frente de Justicia, hace dos años, fue uno de los ministros, sujetos a “cacería especial” por la “partida” Popular, en las sesiones de control al Gobierno en el Congreso. Su descaro e inequívoco izquierdismo, agradaron inicialmente a la parroquia socialista, después de una legislatura con excesivo talante, nunca correspondido por la oposición. Últimamente había conseguido desbancar a la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, del punto de mira de la “dimisión permanente” por la escopetería del PP.
En su paso específico por el departamento de Justicia, no ha podido culminar ninguno de los múltiples proyectos, varios en tramitación parlamentaria y legislativa, que había impulsado para intentar adaptar el sistema judicial a los avances del siglo XXI, después de años de olvido por todos los gobiernos democráticos, acompañados todo este tiempo por el clamoroso silencio del estamento judicial, que sospechosamente se despertó y se lanzó corporativamente a las barricadas, con la sancioncilla al juez Tirado, hasta protagonizar la primera huelga de jueces de nuestra historia, algo que solo podían justificar reivindicaciones estrictamente funcionariales y profesionales, pero incompatibles con las funciones y la organización de un poder del estado, que suponen el noventa por ciento de esas reivindicaciones, y que con la huelga ha quebrado una de sus funciones principales, garantizar los derechos de los ciudadanos.
La falta de mano izquierda y de cintura política del ya ex ministro, había quedado en evidencia en otros conflictos, como en la huelga de dos meses de los funcionarios, los paros de los secretarios judiciales, o sus discrepancias con la Vicepresidenta en la composición y renovación del Consejo del Poder Judicial, de cuyas negociaciones fue apartado.
Pero toda la artillería de la derecha política y mediática se desató con la “inoportuna” cacería, son palabras del propio ex ministro, sin la preceptiva licencia administrativa de caza, y sobre todo con su coincidencia con el juez Garzón, en estos momentos la bestia negra del PP, por su instrucción de importantes presuntas tramas de corrupción de este partido en las Comunidades de Madrid y Valencia. Esto permitía al PP desviar la atención de sus importantes problemas internos, de sus posibles y graves responsabilidades penales y políticas, en plena campaña de las elecciones autonómicas vascas y gallegas, acusando además al juez de intromisión política y prevaricación, de saltarse la exigible imparcialidad judicial, algo que en ningún caso cuadra con uno de los jueces mas imparciales de nuestro país, como tiene más que acreditado Garzón.
Cuando uno recuerda las cacerías en que se afanaban algunos ministros del PP cuando se produjo el accidente del “Prestige”, o escucha exigir a alguien tan impresentable como Federico Trillo, el ministro del “Yak 96”, más y más responsabilidades, después de la dimisión de Bermejo, cuando uno no recuerda una sola dimisión de miembros del PP, ante acontecimientos muchísimo más graves que la imprudente cacería de Bermejo, más crece la actitud ética y estética del ministro dimisionario, una lección democrática más, a tanta falsedad y cinismo de algunos miembros de la derecha y del PP.
Emilio Sánchez Álvarez
25-02-2009
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hace 1 día 10 horas - De Ceuta sabemos poco, pero
hace 3 días 3 horas - No veo nada en el artículo
hace 3 días 11 horas - De Ceuta no habéis escrito
hace 4 días 21 horas - En lo del mantel no había
hace 6 días 12 horas - Gracias por tu aportación,
hace 6 días 20 horas - Tú lo has dicho si para
hace 1 semana 5 días - Llevo toda la vida
hace 1 semana 5 días - Para que veas de que
hace 1 semana 5 días - No se trata de meterse en
hace 1 semana 6 días




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