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26 El Greco: dos fracasos y un éxito clamoroso
El Greco. El caballero de la mano en el pecho
El Greco. El entierro del señor de OrgazDurante el año 2014 la vetusta Toledo va a ser el centro de atención artístico del mundo al celebrarse los cuatrocientos años de la muerte de El Greco, un pintor no nacido en España que se ha ganado a pulso la españolidad por plasmar con sus pinceles el espíritu hispánico por antonomasia: la Contrarreforma, los valores del honor y de la honra, la dicotomía entre el mundo terreno y el divino. ¿Quién no ve reflejarse en su misterioso retrato de anónimo caballero, titulado “El caballero de la mano en el pecho”, al modelo de caballero español del siglo XVI, a ese quijotesco hidalgo de lanza y astillero? Desde el lienzo un severo personaje vestido por completo de negro, ascético y no exento de espiritualidad, dirige sus negros ojos al espectador mientras su mano derecha, de largos dedos, se posa sobre el corazón y la derecha sobre la empuñadura de una espada. Los valores clásicos del valor y de la honra, corazón y espada, plasmados en una imagen que no deja indiferente a pesar del paso de los siglos. Si Calderón, Lope o Cervantes utilizaron las letras para describirlo, es El Greco quien lo traduce en imágenes.
El Greco. Vista de ToledoLa trayectoria pictórica de El Greco no estuvo exenta de dificultades, tanto en vida como después de muerto. Tras sus primeros pasos como pintor de iconos en Creta, decidió dar el salto a una Italia preciada de ser el centro del arte a mediados del siglo XVI, al igual que en los siglos XIX y XX lo sería París, la Ciudad de la Luz. Debió de ser compleja la transición entre concebir la representación humana rígida e hierática, propia del mundo oriental ortodoxo, a la fuerza del color que se practicaba por entonces en Venecia, fuera del corsé y de la tiranía del dibujo, justo lo contrario de lo aprendido hasta ese momento de su vida. Admirando a Tiziano, el pintor mejor valorado de su tiempo, o Tintoretto, con cuyas obras tiene verdaderas similitudes, el cretense viró su paleta de predominancia dorada a los rojos, azules y amarillos violentos de una escuela veneciana adentrada en el manierismo. Y, una vez asimiladas las enseñanzas tizianescas, hora era de asentar sus reales en el corazón de la potencia mundial: la poderosa Monarquía Católica de Felipe II, precisamente el principal cliente de los pinceles de su maestro Tiziano.
El Greco. Martirio de San MauricioSin embargo, alcanzar el éxito cortesano no era precisamente fácil, como no lo era tampoco que un rey de los gustos complejos y especializados de Felipe II aceptara la obra de un griego de pasado oscuro y escasa proyección. Las obras del monasterio de El Escorial precisaban entonces, hacia 1577, de un maremágnum de artistas como pocas veces se había visto en la historia de Castilla y allí, hacia ese polo de atracción, en busca de la magnanimidad real, dirigió sus pasos El Greco, al igual que cientos de pintores, escultores y canteros. Y, aunque nos parezca extraño, la forma de pintar de nuestro pintor, aun severa y espiritual, no gustó a un Felipe II cuyo deleite estético se inclinaba más hacia los postulados de la Contrarreforma traducidos a la manera clásica, que a la violencia de las coloristas pinceladas del cretense. Tras dos encargos destinados a El Escorial, “Alegoría de la Liga Santa” y “El martirio de San Mauricio”, dos exámenes en el literal sentido de la palabra suspendidos según dictamen real, El Greco recogió sus bultos, su paleta y sus pinceles, y marchó a Toledo, una ciudad en pleno auge con clientes potenciales prestos a ser conquistados: la Iglesia y la nobleza. Nuestro pintor vivió en la ciudad más importante de Castilla tras Sevilla (Madrid había sido declarada capital unos años antes, aunque aún seguía siendo un villorrio de calles embarradas) hasta su muerte en 1614. El desprecio del rey no pareció importarle y sus encargos le ofrecieron lo necesario para sobrevivir, lo cual no es cosa baladí, pues muchos han sido los artistas muertos en la más absoluta de las miserias.
Zuloaga. El cristo de la sangreSus obras colgaban de sacristías, iglesias, conventos y casas de hidalgos y nobles hasta que los cambios en el gusto pictórico hicieron mella y enterraron en el olvido la memoria del cretense. Más grave que el fracaso en la conquista por asalto de la corte, con las únicas armas de la paleta y los pinceles, fue el desprecio que arrumbó y denostó su obra. Sus lienzos fueron apilados en los trasteros y desvanes del Museo del Prado sin que se le diese el más mínimo valor a aquellas figuras cuyo alargamiento sólo podía ser producto de una enfermedad visual, como se alegó para abandonarle en el más hiriente ostracismo. Sólo un artista, a la vez que director del Museo del Prado, como Federico Madrazo, podía valorar en su justa medida la obra del cretense y de veras que lo hizo. Durante su mandato sacó de las entrañas del museo y puso a la vista algunos lienzos de su mano, sin que sus contemporáneos, allá por mediados del siglo XIX, pudieran adivinar a qué venía su admiración por aquellas pinceladas coloristas de cielos rasgados a machetazos.
Zuloaga. El enano Gregorio el boteroY no fue hasta principios del siglo XX cuando Ignacio de Zuloaga, su más ferviente admirador, le rescató del olvido tomando su estilo para reinventar su propio modo de ver el mundo. La España Negra de la crisis del 98 tenía su remedo en la sociedad del Siglo de Oro, en aquellos paisajes pétreos castellanos de ciudades fantasmales, rodeadas de murallas y presididas por las torres sempiternas de iglesias y catedrales. Los personajes populares y la burguesía vestida de negras levitas se asemejaban a los estilizados y ascéticos hidalgos barrocos. La crisis del imperio español que había comenzado con el desastre de la Armada Invencible había tenido su bocado final en la pérdida de las últimas colonias en 1898. Y, sin embargo, España seguía siendo la misma, con sus supersticiones goyescas, con la primacía de la religión frente a la ciencia, con una sociedad que abanderaba su honor y su honra por encima del progreso, un país querido con un poso histórico tremendo. Zuloaga trazó un puente con el pasado y con El Greco y supo llevar a éste a la contemporaneidad de la vanguardia. Sus lienzos salieron de los polvorientos almacenes del Museo del Prado para ser expuestos entre los grandes maestros españoles como merecía. Y en este año 2014 contemplaremos su obra lejos del olvido a que fue sometida durante trescientos años. Quizás su España no esté tan lejos de ésta que hoy conocemos.
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hace 15 horas 8 mins - Sobran comentarios. Los del
hace 1 día 4 horas - Pero si tu ves fascistas por
hace 1 día 5 horas - Sí, tiene toda la razón.
hace 1 día 15 horas - Por concretar el debate,tu
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hace 1 día 20 horas - No trate de confundir al
hace 2 días 4 horas - Feminazi puede ser la firma
hace 2 días 5 horas - Yo no veo que haya puesto el
hace 2 días 7 horas - Si si claro, fascismo es
hace 2 días 12 horas




Estupendo trabajo, Carmen, da gusto leerte.
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