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El cabaret del Sr Emilio (I)
Enviado por bejar-biz el Mié, 18/06/2008 - 12:50.
Fuente: Ruperto Fraile Alvarez, de su libro (agotado) Recuerdos de una vida
El Sr. Emilio vino a Béjar allá por el año mil novecientos treinta y tantos, contratado como capataz o encargado, por Agustín Erizalde, contratista de obras que se quedó con la subasta del alcantarillado de Béjar.
Era D. Emilio de estatura normal, gordete y con bigote negro, propio de su edad. Vestía pantalón de pana y calzaba botas negras y fuertes, con las pantorrillas forradas de polainas de cuero teñidas de negro.
Era zamorano, muy eficiente en su oficio, enérgico en sus formas de mandar y ordenar los trabajos. Béjar le gustó con delirio, se ganó las simpatías de los bejaranos "en menos que canta un gallo".
Era hombre de alterne. Pronto se hizo amigo de Martín "el relojero" y de Evaristo Díu (padre). Estos dos hombres eran los auténticos portavoces bejaranos, que bien podían haber sido subvencionados por el Ayuntamiento, pues forastero que cogían por su cuenta, jamás se iba de Béjar. La mayor parte de ellos, hasta murieron en Béjar. A D. Emilio le empezaron a llamar "Don Emilio" y lo hicieron tan bien, que a los pocos meses todo el mundo le ponía el Don. Cómo sería esto que hasta su propio Jefe, D. Agustín Erizalde, también le llamaba Don Emilio y no de coña.
Se terminaron las obras y D. Emilio se quedó a vivir en nuestra ciudad.
El Sr. Emilio vino a Béjar allá por el año mil novecientos treinta y tantos, contratado como capataz o encargado, por Agustín Erizalde, contratista de obras que se quedó con la subasta del alcantarillado de Béjar.
Era D. Emilio de estatura normal, gordete y con bigote negro, propio de su edad. Vestía pantalón de pana y calzaba botas negras y fuertes, con las pantorrillas forradas de polainas de cuero teñidas de negro.
Era zamorano, muy eficiente en su oficio, enérgico en sus formas de mandar y ordenar los trabajos. Béjar le gustó con delirio, se ganó las simpatías de los bejaranos "en menos que canta un gallo".
Era hombre de alterne. Pronto se hizo amigo de Martín "el relojero" y de Evaristo Díu (padre). Estos dos hombres eran los auténticos portavoces bejaranos, que bien podían haber sido subvencionados por el Ayuntamiento, pues forastero que cogían por su cuenta, jamás se iba de Béjar. La mayor parte de ellos, hasta murieron en Béjar. A D. Emilio le empezaron a llamar "Don Emilio" y lo hicieron tan bien, que a los pocos meses todo el mundo le ponía el Don. Cómo sería esto que hasta su propio Jefe, D. Agustín Erizalde, también le llamaba Don Emilio y no de coña.
Se terminaron las obras y D. Emilio se quedó a vivir en nuestra ciudad.
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